Severus negó con la cabeza sin dejar de mirar el interior del bar. Por nada del mundo entraría a ese lugar... por ningún motivo.
Pero ¿qué más iba a hacer? Ya estaba ahí, ya había ido al apartamento de Granger, se había puesto ese estúpido suéter y la había seguido sin chistar.
Ambos se hicieron a un lado cuando un grupo de jóvenes apareció para entrar al bar. El profesor Snape movió sus ojos hasta encontrar los de ella, que lo observaba fijamente, esperando que dijera lo que pensaba.
—No pienso entrar ahí— soltó dando un paso hacia atrás. Si no hubiera sido por la gran cantidad de personas a su alrededor, habría desaparecido al instante... pero no podía hacerlo.
—Acaba de prometer que no va a discutir ni quejarse— objetó Hermione, arqueando una ceja—. No será tan terrible. — Lo tomó por el brazo y tiró de él para que la siguiera.
Snape quiso resistirse al arrastre, sin embargo, no lo hizo. Pensó que hubiera sido muy infantil. Así que se dejó llevar al interior del recinto, rogando porque de verdad no fuera "tan terrible".
Adentro sonaba muy fuerte una canción de rock que pareció martillarle los tímpanos, y sumado a las animadas conversaciones, apenas y podía oír sus propios pensamientos.
La barra estaba decorada con libros falsos, como si se tratara de una pequeña pero larga biblioteca. Eso, por lo menos, le agradó. Varias luces de colores daban un ambiente todavía más denso, y había bastantes mesas ya ocupadas frente a ellos.
De pronto, una joven mesera se les acercó, sosteniendo una pequeña libreta en sus manos y sonriendo alegremente.
—¿Mesa para dos?— preguntó alzando mucho la voz.
—Tengo una reservación— dijo Hermione inclinándose hacia ella para hacerse escuchar.
—¿Nombre?
—Hermione Granger. — La mesera echó una rápida ojeada a su libreta, luego levantó la vista y extendió el brazo hacia atrás, invitándolos a pasar.
—Por aquí, por favor. — Severus y Hermione se lanzaron una fugaz mirada antes de seguir a la joven.
Atravesaron con dificultad el atiborrado salón, tratando de hacerse paso entre las mesas sin molestar a nadie. Caminaron hacia el final del bar, donde una verja pequeña, negra y elegantemente ornamentada, hacía de separadora de ambientes. Allí había un sillón largo de muchos colores, varias mesas redondas ubicadas frente a éstos y, adornándolas, delicados vasos con velas adentro daban un aspecto más íntimo.
La camarera los condujo a la parte más alejada, ellos tomaron asiento uno al lado del otro y la joven les pasó un par de menús, luego se marchó después de que Hermione le indicara que pensarían lo que querían.
Severus estaba muy rígido con las manos entrelazadas sobre la mesa. Había querido sentirse a gusto, pero no era capaz, sólo quería largarse cuanto antes.
Hermione percibió su fastidio, y pretendió que se concentraba mucho en leer el menú mientras intentaba dar con las palabras precisas para que él estuviera aunque sea un poco más cómodo.
—¿Le gustaría beber algo?— inquirió de manera despreocupada sin mirarlo. Snape mantenía la vista fija en la pequeña vela frente a él, sin prestarle atención a lo que ella preguntaba, demasiado ensimismado en sus reflexiones. Ante el silencio, la chica añadió: —. Pediré algo para los dos. — Levantó un brazo, buscando entre la gente a la camarera, que no tardó en verla y acercársele rauda.
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Sentir
FanfictionLa guerra ha terminado. Pero vivir no es lo mismo que sentirse vivo y Severus Snape lo sabe a la perfección. Mientras Harry, Ron y Hermione deciden terminar sus estudios, el reencuentro pareciera ser la única forma de salvarlo. El mundo de Harry P...
