28. Época de deseos

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Las vísperas de Navidad habían llegado junto con las primeras nevadas en Vancouver, pero a mi alrededor no había nieve, a mi alrededor había gente abanicándose y sufriendo el calor húmedo de Buenos Aires.

-Agh -me quejé-. ¿Cómo hacen para soportar esto?

Mi madre se rió a mi lado.

-Prepárate, porque hoy no es un día muy caluroso. -La miré abriendo los ojos en sorpresa-. En Nochebuena va a hacer mucho más calor.

Puse mi mejor cara de sufrimiento y entré a su auto después de haber pasado todo el día haciendo las compras navideñas. Extrañaba esos momentos con ella, momentos de madre e hija. Nuestra relación había tenido sus altibajos a lo largo de los últimos años, mayormente debido a la distancia, pero el amor que nos teníamos superaba cualquier diferencia, cualquier discusión. No éramos de esas madres e hijas que eran total confidentes, pero ambas sabíamos que nos teníamos la una a la otra en cualquier momento.

Cuando llegó el día de Nochebuena no quise salir de la casa de mi madre. Tenía razón, el calor era insoportable y lo pude notar cuando mi hermano entró, casi con desesperación, a la frescura del interior.

-No sabes cuánto te envidio por vivir en un país donde no hace este calor -me dijo, sin saludarme.

Era la primera vez que lo veía en seis meses. Su pelo había crecido un par de centímetros, unos mechones caían sobre su frente. También había perdido un par de kilos y se lo notaba un poco más musculoso. Detrás suyo se encontraba una chica joven, de pelo castaño claro y ojos verdes. Era muy bonita.

-Hola, Eric -le dije con un tono burlón-, también me alegro de verte.

Soltó un bufido y se acercó a abrazarme.

-Ella es Milena -me dijo, posando una mano en la espalda de la chica.

Me miró con una sonrisa tímida.

-Milena ella es mi hermana, Elizabeth.

Me acerqué y la saludé con un beso.

-Liz -le dije-. O también me podes decir Amelia, como quieras.

-O Lisa -agregó Eric, bromeando.

-Cualquier cosa menos Lisa -le pedí.

Milena se rió por lo bajo.

-Un gusto -me dijo-. Tu hermano me habló mucho de vos, me moría de ganas por conocerte -agregó sincera.

Mire a Eric levantando las cejas.

-¿Le hablaste de mí? Aw, Eric, que tierno -le dije bromeando y acercándome para apretarle una mejilla.

-Si, si -dijo él restándole importancia y alejándose de mi-. Quiso saber de vos y le conté un par de cosas, nada más.

Cuando cayó la noche, nos dirigimos hacia la casa de uno de los hermanos de mi mamá. Todos me recibieron entre abrazos y besos, felices de volver a verme. No había estado allí ni por una hora y mis tíos y tías no paraban de hacerme preguntas, acerca de absolutamente todo, pero más que nada me preguntaban por Grant: «¿Y por qué no vino?», «¿Hace cuánto que están juntos?», «¿Es lindo?», «¿Es bueno?», «Lo más importante, ¿te hace feliz?», «Pero de verdad, ¿por qué no vino? ¿No lo invitaste?».

-Tía, él también tiene una familia -le contesté-. Y además, yo le dije que no viniera.

Después del asunto con el sueño que había tenido, Grant me preguntó si podía venir conmigo, para conocer a mi familia. Sabía que en parte lo hacía porque se sentía culpable y yo no quería que el dejara de lado el poder ver a su familia. De modo que le dije que agradecía su intención, pero que prefería que se quedase allí.

-Bueno, pero yo lo quiero conocer, eh -dijo mi tío, Pablo-. Tiene que tener mi aprobación.

Y junto con él saltaron mis tres primos varones, también diciendo que era necesaria la suya. Mis dos primas restantes se reían ante la situación.

Los fuegos artificiales comenzaron a explotar, marcando las doce. Brindamos entre todos e intercambiamos buenos deseos. Yo me tomé el atrevimiento de decir algunas palabras.

-Solo les quería decir que estoy agradecida de esta familia que me tocó. -Empecé-. Yo sé que solo nos vemos... ¿cuánto?, ¿dos veces al año? Pero ustedes nunca me lo reprocharon y siempre me trataron como una igual.

-La familia es la familia -me interrumpió mi tío-, con distancia o sin distancia -agregó con un guiño.

-Gracias, tío. Gracias a todos, me hace muy feliz verlos y pasar tiempo con ustedes, ojalá pudiera hacerlo más seguido. Perdón por eso. Los amo. -Levanté mi copa y los demás me imitaron.

Después todos parecieron envalentonarse y casi todos hablaron. Cuando mi celular comenzó a sonar, pedí disculpas y me aparté un poco.

-¡Feliz navidad! -gritó Grant desde el otro lado de la línea, sin darme tiempo a saludarlo.

- Hey, baby, gracias - le dije, sonriendo de oreja a oreja.

Pude ver como mi tío movía sus labios preguntándome si era mi novio y guiñándome un ojo. Le hice una seña para que dejara de molestarme, reprimiendo una risa.

-¿Cómo la estás pasando? -me preguntó.

-Muy bien, feliz de estar aquí -le contesté-. Gracias por haberme hecho venir.

-No tienes que agradecerme nada, también fue decisión tuya. Envíales mis saludos a tu familia.

Aparté un poco el celular de mi oído y me volteé hacia donde estaban todos sentados.

-Grant dice hola -les hice saber.

Levanté el teléfono en su dirección.

-Hola, Grant -gritaron todos al unísono.

Pude oír como se reía.

-Se mueren por conocerte, no pararon de preguntarme por ti, ya no los soporto. -Me reí yo también.

-Y yo me muero por conocerlos a ellos.

Suspiré.

-Te extraño -le dije sin pensarlo.

Lo escuché suspirar también.

-Yo también, mucho. Solo una semana más y nos veremos otra vez.

Nos quedamos unos segundos en silencio, solo oyendo nuestras respiraciones.

-Te llamare mañana, ¿bien? -No quería despedirme, pero tampoco podía quedarme hablando mucho mas tiempo con él, debía volver con el resto.

-Bien -me dijo-. Ten una gran noche. Te amo.

Sonreí.

-Te amo.

Regresé a la mesa y me senté junto a mi hermano. Me tomé un momento para observar la escena que tenía frente a mis ojos. Una familia unida, hablando y riendo. A mi izquierda, mi mamá junto a sus hermanos y su madre, mi abuela; a mi izquierda, la persona que siempre había visto como un guardián, dándole un beso en la mejilla a su novia. Eric giró su cabeza, me miró con una sonrisa y apretó mi mano suavemente. Le sonreí también, una sensación de paz invadiéndome. Cerré los ojos y pensé en Grant, de esa manera, toda distancia entre nosotros desaparecía.

Y como la Navidad era una época de deseos, deseé que mi familia y amigos tuvieran salud, felicidad y amor. Deseé un año próximo junto a la persona que más amaba. Deseé seguir siendo feliz a su lado, deseé que no nos faltase amor. Y por último, deseé no tener más miedo, nunca más.

**

Como les dije, estamos en la ultima instancia de la historia. No creo que supere el capitulo 35, así que quedan, como máximo, seis capítulos mas.

Pero... les tengo una buena noticia!

Tengo pensado hacer una segunda "temporada", por así decirlo, así que este no es el final de estos dos tórtolos. Mi regalo de Navidad para ustedes jajajaj

♥

La luz en mi vida [Grant Gustin]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora