Besarlo fue como siempre me imaginé, sus labios eran suaves y se movían lentamente, sentía como si nuestros labios encajaron a la perfección. Mi corazón latió aún más rápido cuando sentí la lengua de Harry abrirse paso entre mis dientes. El beso comenzó dulce y tierno, pero poco a poco iba transformándose en un beso más hambriento, por así decirlo. Sentía con cada movimiento que yo necesitaba de sus besos, lo necesitaba a él. Nuestras respiraciones se aceleraban cada vez más, y a pesar de llevar un largo rato, nuestro beso se profundizaba. Era un hecho: Harry Styles, mi mejor amigo, me volvía loca con tan solo su mirada, y era imposible negar lo que sentía por mi amigo. Yo lo amaba.
El aire nos faltaba y así fue como nos separamos sin dejar de mirarnos a los ojos. Él tenía la mirada desconcertada y su mano temblaba junto a mi mejilla. Mis manos al igual que las de él, temblaban y lo único que ahora se escuchaba eran los latidos de nuestros corazones que ahora latían a una velocidad impresionante. Sin más que decir, me levanté de la cama y salí de su habitación dando un portazo, bastante incómoda por esta situación.
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No pude dormir en todo lo que quedaba de la madrugada debido a que no dejaba de pensar en lo ocurrido con Harry. Lo había besado y mejor aún, lo había besado porque él me lo pidió. Mi mayor preocupación es que Harry pudiera recordar eso al despertar. Tampoco podía dejar de pensar en Louis, ¿acaso se estaba refiriendo a él mismo al decirme eso?
Sin poder conciliar el sueño, me levanté de la cama y entré al baño. Tomé una rápida ducha de agua tibia y al salir vi que el reloj de mi habitación daba las 6:00 a.m. ¿Ni siquiera los domingos puedo dormir hasta tarde? Suspiré y fui en busca de algo para ponerme en mi armario. Me decidí por un legging café claro y un enorme suéter negro que solía ser de Harry, por lo tanto llegaba por arriba de mis rodillas. Debajo de él me puse una camiseta blanca y me calcé mis típicas vans negras. Cepillé mi cabello y lo recogí en una cola alta, bajé las escaleras y como era de esperarse, aún todos dormían por lo que decidí hacer el desayuno.
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-Dan, ¿qué haremos? ¡Ha pasado un mes!
-Helena, ¿quieres tranquilizarte? –respondió Dan mientras pasaba la página de su periódico y le daba un sorbo a su café.
-No puedo Dan, recuerda la última vez que hablamos con ella, tuvimos que ser amables ya que fuimos demandados. Si el Departamento de Protección se entera de que nuestra hija escapó de casa por nuestro mal trato hacia ella, nos quitarán todo. Acordaron pasar por aquí al mes siguiente querido, ¡y ya estamos en el otro mes! ¿Qué les diremos?
Dan suspiro esta vez más preocupado.
-Podemos decirles que la enviamos con su tía en Canadá.
-¿Crees que sea tan simple?
Él se detuvo pensativo por unos instantes y habló.
-Eso espero.
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-Anne, ¿por qué nunca me dejan preparar el desayuno? –le replicaba- estaba a punto de comenzar, ¿no te gusta como cocino?
Anne negó con una sonrisa en su rostro.
-Nada de eso querida. Cocinas muy bien, pero hoy iremos a desayunar, por Dios _____, ¡es tu cumpleaños!
-No te preocupes por eso Anne.
-Claro que sí, linda. Despertaré a Gemma, ¿puedes despertar al monstruo de Harry?
Reí ante su comentario y asentí.
