CAPÍTULO XI

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MATTEO

Mi mente está en todo pero a la vez en nada. Revivo cada detalle porque me es imposible comprenderlo, me arden las palmas aún de su contacto o solamente es mi imaginación.

Acelero para volver a casa de una vez por todas, aunque lo peor me aguarda allí darme cuenta que fui un estúpido sin cerebro. No pensé, nada de nada, solamente me abalance y la bese.

- ¿Por qué la besé? – me pregunto entre susurros pero la verdad es que ninguna respuesta coherente viene a mí

Solo lo hice y fue la mejor decisión de toda mi puta vida. Sería el hombre más hipócrita si dijera que estoy arrepentido

Tomo la mano rápida del autopista y en menos de lo que imaginé me encuentro esperando a que el portón eléctrico se abra, me encantaría que tarde mil horas más, pero es imposible, pongo primera y sigo el recorrido hasta la cochera.

El motor pierde su vida y yo sigo acá, sentado mirando a través del parabrisas a la nada, no cierro los ojos en ningún momento, se que si lo hago su imagen va a volver a mí lo más viva posible.

- ¿Matteo? – La voz de Addy me hace eliminar todo el aire que contengo

- Ya bajo mi amor. – digo alargando las palabras.

Me hago caso a mí mismo y decido entrar a la cocina. – Hola. – saludo intentando parecer normal

- ¿Dónde estabas? – pregunta dándome un beso en los labios el cual acorto al máximo posible

- Haciendo cosas. – respondo tan rápido que hasta a mi me parece sospechoso mi comportamiento

- ¿Qué cosas? – Alza una ceja. – Me dijiste que ibas a venir temprano así abríamos las cajas y ordenábamos las cosas

- ¿Las cosas? – pregunto confundido y me asesina con la mirada. - ¡Si claro, las cosas! – hago un gesto como si supiera de que habla

- Quedaron tres cajas tuyas, eran tan pesadas que no pude subirlas al cuarto. – Las señala y yo asiento con la cabeza. – Esperaba que las subieras

- ¿Ahora?

- Sí Balsano, ahora. – Me da un leve empujón y comienzo a caminar. – La verdad es que necesito una ducha, podría bañarme y luego me encargo de las cajas

- Vas a sudar subiéndolas, para eso te bañas después

- Pero quiero bañarme ahora. – Insisto. Necesito sacarme todo contacto de Luna de mi piel

- ¿Te pasa algo? – pregunta. – Estas muy raro

- Solo estoy cansado. – digo y comienzo a caminar directo a las cajas. – Mejor las subo ahora. – Me hace un gesto de aprobación y camina delante de mí

Un suspiro se arranca de mi pecho, tengo un maldito peso encima y necesito quitármelo, porque si no voy a explotar. Me agacho para agarrar lo mío y está pesadísimo. - ¿Qué mierda nos mandó Belle? Me voy a quedar sin espalda. – Me quejo y apilo una sobre la otra

- ¡No te quejes y empeza a caminar!

No respondo nada y hago lo pedido. Con la poca vista que tengo debido a que los paquetes me tapan toda la visual subo las escaleras lentamente fijándome que cada paso sea seguro, porque si hago algo mal, chau Matteo Balsano.

Entro despacio y cuando estoy en el lugar indicado, las apoyo en el piso. – Mi espalda. – Me quejo como si fuera un anciano para caer rendido sobre la cama.

2. El secreto de Matteo Balsano (#Lutteo)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora