CAPÍTULO XXVIII

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MATTEO

Mis ojos se mantienen cerrados un buen rato en pleno silencio. Un pequeño movimiento junto a mí hace que me remueva en el lugar reticente a encontrarme con la luz nuevamente.

- Mi amor. – susurra Luna en mi oído. - ¿No te parece un poco tarde para estar durmiendo? – pregunta y deposita pequeños besos en mi rostro. - Quiero saber qué tenés ganas de almorzar

- ¿Luna Valente entra en el menú? – pregunto con ese vozarrón típico de recién levantado

- Eh... no. – Casi puedo oírla sonreír, abro un ojo y la observo

Su cabello esta despeinado, lleva unas ojeras de haber tenido buen sexo y el broche de oro es mi camisa que deja una excelente vista de su ropa interior

- Yo creo que podrías incluirla y me la comería ahora mismo. – La tomo con fuerza y ella cae sobre mi pecho

- ¡Ay Matteo! – Intenta apartarse pero abuso de mi fuerza. - ¡No se vale! – Ríe sin parar mientras rueda abajo mío, su cabello se esparce como una seda entre las sabanas. – Basta no puedo ver y me falta el aire

- Suelo provocar eso en las chicas. – bromeo y me da un golpe leve en el brazo

- Si era un chiste no me causo gracia. – Me fulmina con la mirada y se levanta. – En serio te quiero en la cocina en dos minutos Balsano así podemos almorzar, muero de hambre

- ¿Hiciste mucha actividad este mediodía? – pregunto con una mirada complice y ella automáticamente se pone colorada

- En la cocina Matteo ¡Ya! – río y cuando me levanto me coloco solo mi bóxer.

Paseo un poco por la habitación y me doy cuenta que algo vibra incesantemente, mi celular. Busco mi pantalón en el piso y lo saco: cincuenta llamadas perdidas de Gastón, setenta de Adelaide y cuarenta de Belle. Marco y me pongo el aparato en el oído:

- ¿Sebastián? – pregunto cuándo contesta

- Sí ¿Quién habla?

- Matteo Balsano ¿Te acordas de mí? – pregunto esperanzado de que aún luego de tanto me recuerde

- Sí como olvidarme del pequeño Balsano, aunque ya debes tener unos ¿Veinte?

- Veinticuatro. – Lo corrijo mientras camino sin rumbo fijo. – Quiero pedirte un favor

Voy directo al grano, sin rodeos porque entre más pasa el tiempo menos chance tengo. Me pregunta un poco por mi nueva vida, sabe todo lo ocurrido con mi padre y cómo no, era su secretario, le paso un pequeño parte de mi madre y me promete ir a visitarla. Corto y me voy corriendo a la cocina.

- ¡Acá estoy! – digo apareciéndome por detrás y dándole un pequeño susto. - ¿Qué preparas?

- Carne al horno con papas, te pregunte que querías y nunca viniste así que elegí yo. – Se voltea y me analiza de arriba abajo. – ¿Así pensas comer? – pregunta

- ¿Por qué? – Me observo y ella alza una ceja. - ¿Te molesta?

- Aunque la vista sea una maravilla Matteo, prefiero que no te pesques una gripe por andar haciéndote el lindo

- ¿Cómo haciéndome? – pregunto poniendo mis mejores ojos de perrito. – Creí que lo era

- Ahí es donde te equivocas. – Bromea y me da un beso casto en los labios. – Dale no quiero que te enfermes

2. El secreto de Matteo Balsano (#Lutteo)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora