CAPÍTULO IX

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MATTEO

Navego perdido en mi mismo, todo son gritos, mi cuello pesa tanto que no puedo levantar la cabeza, tengo los ojos vendados, así que no sé a dónde voy, pero asumo que estoy en una camioneta por el vaivén del trayecto. Mis manos están atadas y mi pierna duele horrores.

- Ay Balsano, cometiste tantos errores. – Una voz conocida me perfora el corazón. – Y te toca pagar por todo

Grito a todo pulmón cuando me golpean las costillas, asumo que es una manopla, he sentido sus golpes antes. Todo en mi se retuerce, no puedo soportar tanto.

- Las mentiras traen consecuencias. – No sé si es peor lo que me hacen o saber que Luna es la que me lo está haciendo

Me toma la mano y comienza a cortarme los dedos. Mi garganta se perfora, porque el dolor es insoportable, siento como se corta el tendón y cae. Me quedo vacío.

Abro los ojos e intento recuperar el aire. Desesperado me observo la mano, pidiendo que todo haya sido una maldita pesadilla, cuento, cinco. Si Dios, cinco. Respiro.

Me muevo molesto por la posición y es cuando caigo en la cuenta que estoy en el sillón de la sala con un sol radiante explotándome en la cara.

- ¿Qué pasó? – pregunto a mí mismo y mi mente está vacía

- Acá estabas Matteo. – La voz de Addy me saca de mi confusión. – Me desperté y no te encontré en la cama ¿Qué pasó?

- No sé. – respondo nervioso. – No tengo idea, yo, no sé ni cuando me dormí

- Anoche me dijiste que te quedabas viendo unos papeles para el bar y me quedé dormida esperándote. – Se acerca y me toma de la mano. - ¿Estás bien? – pregunta preocupada

- No sé, tuve pesadillas, fue una noche de mierda la verdad. – Me levanto y mi espalda cruje

- Date un buen baño y te espero con el desayuno

Le doy un beso y me voy directo al agua. Necesito aclarar mi cabeza.

Desayuno un poco más tranquilo, como algo liviano y fresco, la verdad es que el calor es abrasador. – Hoy vamos a abrir las cajas ¿entendido?

- ¿No las abriste todavía? Pensé que ya habías acomodado las cosas. – digo bebiendo café

- No, decidimos dejar todo en la cochera con Fede y bajarlo cuando ya quisiéramos ordenarlo, no queremos tenerlas desparramadas por toda la sala

- Está bien, en la tarde nos ocupamos. – Me levanto con rumbo directo a la cochera

Como es costumbre me subo al que ahora es mi auto, conecto mi teléfono con Spotify y arranco para la visita rutinaria a mi madre.

Las calles están repletas, todo es gente y caos, muchos volvieron de las vacaciones de verano y otros se han ido pero igualmente es bastante complicado poder circular. Me encuentro un rato bastante largo en la misma fila en un arranque y pare constante, lo único que me ayuda a pasar la mañana son las melodías.

Reviso mi teléfono cuando me encuentro con la marcha detenida, tengo varios mensajes con mis amigos confirmándome que tienen el dinero para hacer la compra y conciliamos mañana como el día en que al fin se haga. Estoy listo para este proyecto.

Insultando al Dios del tránsito llego de una vez por todas al hospital. Dejo mi auto más o menos cerca de la puerta, desenchufo el celular, lo guardo y bajo. Comienzo a caminar por la sombra ya que el sol molesta bastante.

2. El secreto de Matteo Balsano (#Lutteo)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora