MATTEO
Una semana completamente alejado de Luna y no sé cómo sentirme al respecto, no nos hemos visto en absoluto solo nos mensajeamos un poco. Me preguntó por Addy y la única respuesta que encontré fue: es complicado. Para mi suerte me comprendió y me dijo que me tomara mi tiempo para no lastimarla. Aunque la verdad es que no tengo la menor idea de cómo contarle el episodio de la ducha.
Fue tan extraño, luego de eso todo volvió a ser como antes, nuestra relación parece perfecta, ella solo sonríe ayuda a Maguie a hacer los quehaceres de la casa, luego trabaja un poco con su computadora y visita a mi madre un largo rato en el hospital. Para ella todo es como antes, pero para mí hubo un huracán que revolucionó todo.
Las cosas con los chicos van bien, comprendieron mi tardanza en meterme de lleno en el proyecto, pero ahora que me siento un poco más liberado y sobre todo acomodado me la he pasado a cada hora allí limpiando, tirando y pintando. Está quedando de otro planeta. Los papeles están terminados, no quiero ni hablar de la maldita ayuda extra que recibí para tener todo listo, el martes cuando fui a visitar a Maddie me entregó todas las habilitaciones en mano, incluida licencia para hacer deportes y bebidas alcohólicas. ¿Cuántas personas están metidas en toda esta mierda? Más entran en mi vida, más me doy cuenta que esto es verdaderamente pesado.
- ¡Matteo! ¿Podes alcanzarme la escoba de una maldita vez? – grita Ramiro desde el otro lado de la antigua barra
- Sí, perdón. – respondo cuando dejo mis pensamientos de lado. – Estaba con la cabeza en otra cosa. – digo alcanzándole lo pedido
- Me di cuenta, tenías una cara de ido. – Se ríe y comienza con su labor. - ¿Todo bien en casa?
- Se podría decir que sí. – digo y me acomodo con los codos sobre la madera.
- Eso no suena muy convencido ¿Problemas con tu chica?
- La última vez que acudí a vos por un problema de mujeres me terminaste llevando por un lugar muy oscuro.
- Eso no se vale. – responde observándome. – A mi defensa, te di un motivo para salir a vivir. – Me guiña un ojo
- Me diste una adolescencia inolvidable. – Le estrecho la mano y lo dejo seguir con lo suyo.
Camino un poco por lo que antes era el sector del bar. Si este lugar hablara contaría tantas cosas, lo recorro con las manos en los bolsillos, observo las paredes repletas con antiguos carteles y una pequeña sonrisa se escapa de mis labios. Daría todo por volver al menos un día a aquella vida y volver a sentirme Matteo Balsano, el rey de la pista. Lanzo una carcajada de los más hondo de mi pecho, está terapia es mejor que cualquier charlatán pago.
Saco mi celular y lo reviso, tengo un mensaje de Luna:
Sigue en pie la propuesta de ser profesora de patín?
Una sonrisa se impregna en mis labios.
Claro señorita, solo debe presentarme su curriculum vitae y veremos si es apta para el puesto.
Le envío la broma y guardo el aparato para ir a la antigua pista.
Tomo el camino largo de los casilleros, los observo y descubro que el mío está igual que el último día que lo vacié aunque muy desmejorado por la mezcla de pintura descascarada y óxido. No puedo creer que este lugar haya decaído tanto.
Lo abro por pura intriga y me sorprendo por lo que veo dentro: una foto mía y de Luna compitiendo, ninguno de los dos miramos a la cámara, sino que estamos concentrados en el final de nuestra coreografía perdidos uno en el otro. La quito con sumo cuidado y la volteo en busca de algún mensaje escrito pero nada.
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2. El secreto de Matteo Balsano (#Lutteo)
FanfictionLuego de seis años un suceso inesperado provoca el regreso de Matteo a Buenos Aires, donde tendrá que reencontrarse con sus viejos fantasmas del pasado para poder enfrentarlos y enterrarlos de una vez por todas. Sera tiempo de reencuentros algunos e...
