CAPÍTULO XXXV

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MATTEO

Todo se vuelve negro producto de que me ponen algo en la cabeza. - ¡MATTEO! – escucho el grito desgarrador de Luna, quiero hablar pero un fuerte golpe en mis pulmones me arranca todo el aire, me sostienen con fuerza de los brazos y me empujan. En lo único que puedo pensar es en Luna, un bulto en mi espalda me indica donde está el arma. - ¡Movete dale! – dice una vez que me pega otro empujón para levantarme. - ¡Subí! – Ordena y sin ver pero con algo de intuición termino adentro del vehículo.

Todo parece un deja vú.

Puedo sentir un cuerpo enorme a mi derecha pero a mi izquierda todo es pequeño, frágil y no para de temblar, es ella, lo sé pero no abro la boca, tengo mucho miedo de que puedan hacerle algo. Su respiración es agitada, puedo escucharla sollozar aunque sé que no quiere hacerlo, tiene miedo, pero todo el tiempo va a demostrar la mujer fuerte que es.

El auto va y viene, gira a la izquierda y luego a la derecha, suben la velocidad, luego se detienen, sí, tienen la decencia de detenerse en los semáforos correspondientes como si todo fuera natural, vuelven a arrancar, doblan, supongo que entramos en una rotonda, siguen así por un rato más, dejo de contar y empiezo a pensar, tengo que hacer algo, no puedo permitir que pongan a Luna en peligro.

- Usa el cerebro Balsano. – me digo a mi mismo.

Intento crear un plan ¿Pero qué mierda puedo hacer? Son no sé cuantas personas contra mí, con las manos atadas y los ojos vendados, no tengo opciones pero sí una pistola en mi mochila. – Llegamos. – dice una voz que nunca había hablado.

Me toman del hombro que fuerza y comienzan a arrastrarme hasta sacarme del auto, intento escuchar si se llevan a Luna con migo, pero no hay nada, solo mis pasos torpes retumbando por el eco y un frío que me hiela hasta los huesos.

- Move el culo Balsano de una vez. – Me empujan fuerte y sigo caminando ahora solo

No sé qué hago, solo pongo un pie delante del otro y así voy, sin rumbo fijo, debes en cuando recibo un empujón del arma en mi espalda para obligarme a seguir. – Quieto. – ordenan y hago caso.

Se forma un silencio, mis ojos se mueven de acá para allá, intento percibir una luz o algo pero es imposible, no hay pasos, nada, solo yo, en un vacio enorme de puro frío como si ya estaría muerto y aún no me hubiese enterado.

- Buenas noches. – Una voz, esa voz

- Maddie. – Escupo con veneno hablándole a la nada

- Matteo Balsano. – larga mi nombre como si fuera una armonía en sus labios. – Te estaba extrañando hijo

- ¿En serio? – pregunto. – Podrías haberme invitado un café. – digo sarcástico y un golpe fuerte en mis costillas me hace eliminar todo el aire, caigo arrodillado en el piso.

Doy grandes bocanadas, otra como esta y voy a tener una fractura, intento recuperar mi ritmo normal pero no puedo, mi corazón no deja de latir y siento espasmos por el dolor en todo el cuerpo.

- Siempre me asombró tu sentido del humor aunque me parece un poco patético. – Otra voz conocida me hace helar los huesos. – La gente no quiere a las personas sarcásticas por si no te diste cuenta Matteo

- Dalí. – digo su nombre con asco. – ¿Así que de esto se trataba? – pregunto molesto. - ¿Desde cuándo estás en esta mierda?

- ¿Vos te crees que vamos a regalarte cosas para tu bar Matteo sin poner a una que otra persona nuestra trabajando para controlar que todo ande bien? – pregunta y siento que me toman con fuerza del pelo para tirarme la cabeza hacia atrás. – Te falta tanto que aprender.

2. El secreto de Matteo Balsano (#Lutteo)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora