CAPÍTULO XXXII

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MATTEO

Salimos aún conmovidos, ninguno de los dos hablamos en todo el camino hasta el auto, las manos de Luna están heladas y su rostro blanco aún no puede reponerse de la imagen.

- No tengo palabras. – dice en un pequeño susurro

- Creo que no son necesarias. – respondo en el mismo tono y enciendo el motor.

No coloco la radio, ni nada por el estilo, ella está perdida en la ventanilla y yo tengo la vista en el tránsito, el día se encuentra completamente nublado, se acerca una tormenta así que prefiero estar adentro de una vez por todas, necesito aclarar ideas y borrar la imagen de un hombre con una balazo en la frente de mi cabeza.

Estaciono en la puerta y espero hasta que mi chica baje, me desabrocho el cinturón y cierro mis ojos. Su boca sigue abierta y sus ojos ya perdieron la vida que contenían. Un golpe en la ventana me hace saltar del lugar, es Luna haciéndome señas para que baje.

- ¿Estás bien? – pregunta mientras caminamos por el pasillo

- Sí, es solo que, lo quería muchísimo. – confieso y mis ojos se cristalizan

- Lo sé y lo lamento mucho. – Me toma de las manos mientras las puertas del ascensor se cierran.

Intento sentirme tranquilo, reconfortado pero no puedo, todo esto recién comienza y lo peor está por llegar.

Mi estómago debería estar haciéndome un juicio, el horario de almuerzo se pasó hace rato y todavía no me he tomado un segundo para comer algo, Luna tampoco. Entramos a su departamento cansados y caigo rendido en el sillón.

- Voy a preparar algo rápido. – Me guiña un ojo y desaparece en la cocina.

Tomo mi teléfono para encontrar llamadas perdidas de todo el mundo, les comunico a los chicos por el chat grupal que hoy no iré a trabajar porque estoy muy enfermo, todos responden, excepto Gastón ¡Qué raro! Quiero mandarlo a la mierda, es más me encantaría y sería muy sencillo pero declino la idea porque sé que voy a arrepentirme, les agradezco y dejo mi móvil sobre la mesita de café.

- ¡Listo! – grita desde la cocina. - ¡Veni a comer!

Me levanto confundido y voy directo a donde me indicó.

- ¿Tenés dos mesas en tu casa? – pregunto. - ¿Para una sola persona?

- Bueno, en realidad me la pasaba con Leonardo, vivíamos juntos. – comenta entregándome mi plato

- Ah.

No omito otra palabra y solo me limito a comer para llenar el hueco de mi estómago. No hay ningún ruido, ni celulares, ni televisión, solo nosotros y nuestras mentes trabajando a mil. Me ofrezco a lavar los platos con gusto mientras Luna se encamina al cuarto para cambiarse la ropa.

Abro el agua caliente, esponja, detergente y tomo el primer plato, lo refriego siguiendo el sentido de las agujas del reloj, no sé, una pequeña manía que tengo.

- Matteo. – dice Luna con tono nervioso. - ¡Matteo! – grita y suelto todo para correr hasta al cuarto.

Me quedo helado y mi corazón comienza a latir sin cesar, reconocería ese sobre de madera donde fuera, esas letras en marcador con mi nombre: Matteo Balsano, en el frente.

- Matteo ¿Cómo llego esto acá? – pregunta Luna observándome alarmada

- Son unos malditos. – Mascullo entre dientes

2. El secreto de Matteo Balsano (#Lutteo)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora