CAPÍTULO X

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MATTEO


Estoy cegado no puedo con la situación todo esto me explota en la cara y sé que solo me van a pasar cosas malas como siempre. Subo la velocidad y tomo el brazo de la autopista, acelero nuevamente.

Agarro mi celular que aún está tirado en el asiento, nombro al navegador del sistema operativo, se activa en espera de mis órdenes. – Llamar a Gastón. – digo intentando suavizar el tono y mientras espero para abonar el peaje conecto el manos libres del vehículo.

Todo se me hace eterno, vuelvo a probar una vez que ya he pagado por ventanilla y vuelvo a subir mi velocidad.

- ¿Qué pasa Matteo? – pregunta en pésimo tono. – Estoy en una reunión del trabajo

- Necesito la dirección de Luna. – Largo sin pensar como suena, no me interesa

- ¿Qué? – pregunta descolocado. - ¡No! Ni loco

- ¡Dame la dirección Gastón! – grito envuelto en mi enfado. – La necesito así que decímela

- ¿Qué pansas hacer? Bueno, no sé ni porque pregunto porque seguramente sea LA PENDEJADA DE TU VIDA MATTEO BALSANO. – grita igualando mi tono

- ¡QUE ME DES LA MALDITA DIRECCIÓN GASTÓN! ¡PUTA MADRE! – Estoy fuera de mí, le pido algo sencillo no puede hacer tanto escándalo

- ¿Querés la dirección? ¡PERFECTO AHÍ TE LA ENVÍO! – grita y se forma un silencio en el que está tecleando. – Ahí la tenés, anda a arruinarte la vida

- Andate a la mierda Gastón. – Corto harto de sus comentarios de mierda

¿Se piensa que es mi padre para hablarme así? Molesto golpeo el volante e ingreso la dirección en el GPS del tablero.

Tomo la primera salida para ir directo a la 9 de Julio, cualquier dirección será más fácil de tomar desde la avenida principal. Espero que los estúpidos satélites se conecten y cuando está listo observo de reojo el camino, tengo una media hora agarrando avenidas ya que ahora vive en pleno centro al parecer.

El semáforo cambia y pongo primera directo a donde el aparato me indica.

Necesito ir a verla, no puedo soportar toda esta mierda y no sé qué carajo hacer con esto que siento, no quiero ir a mi casa. No soporto ver la cara de Adelaide para seguir mintiéndole pero no puedo decirle la verdad si llega a saber que esto sigue dándome vueltas, tengo pánico de perderla.

Odio las mentiras, prometí que no volvería a ser ese tipo de persona pero nuevamente no tengo opción, parece que soy un experto en tener doble vida, hay cosas que desearía enterrar pero es imposible hacer un agujero tan profundo en esta vida.

Giro a la izquierda. - ¡¿Por qué?! – grito a la nada o simplemente a todo. - ¿Nunca va a terminar esto? – Intento con todas mis fuerzas no quebrarme porque sé lo frágil que soy psicológicamente y no tengo a nadie para poder ayudarme.

Escucho las indicaciones del navegador. - A ciento cincuenta metros llegada a destino. – La voz con su inconfundible acento de España de ayuda a ubicarme.

Llego hasta la puerta y estaciono cómodamente ya que un auto acaba de irse. Me desabrocho el cinturón y respiro. – Bueno. – Me digo a mi mismo. – Que la suerte esté de mi lado. – Abro la puerta mientras me meto el teléfono en el bolsillo.

Observo el portero eléctrico pero me detengo antes de tocar, no va a abrirme. Lo sé.

- Esto fue una pésima idea. – Susurro molesto conmigo mío pero una sombra que se acerca a la puerta principal hace poner en marcha mis neuronas.

2. El secreto de Matteo Balsano (#Lutteo)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora