MATTEO
Despierto más cansado que cuando me fui a dormir, el cuerpo me duele muchísimo, digamos que el sillón de la oficina del bar no es para nada cómodo, pero es mejor que un banco de la plaza, ya que tanto Luna como yo decidimos no pasar la noche juntos, después de todo lo que pasamos es mejor que las cosas se relajen un poco antes de comenzar a tener una vida de pareja.
Me levanto e intento estirarme un poco, todo de mi se encuentra contracturado, fue una noche bastante de mierda. Tomo un pantalón de jean negro, una remera gris y me la pongo. Hace un poco de frío y opto por una campera negra liviana, las zapatillas y bajo para prepararme el desayuno.
No hay nadie, ya que todavía no es la hora de llegada de los chicos, enciendo la cafetera y dejo todo optimo para que luego de mi café el resto pueda seguir utilizándola, busco en el mostrador y saco unos muffins que Pedro había preparado ayer. Bebo un poco tranquilo mientras le saco el envoltorio y le doy una mordida, observo mi teléfono y tengo un mensaje de Federico pidiendo que vaya a ver a mi madre ya que pregunta por mí. Le confirmo que en un rato estoy por ahí y sigo en lo mío.
Me pierdo en el exterior, en estas nuevas paredes decoradas con frases e imágenes, fotos donde la gente puede ver quiénes son los dueños y me quedo perdido en la pared que decidimos revestir puramente de guitarras. Observo el lugar donde solía estar el escenario y hoy hay una pequeña tarima con un micrófono junto a un solitario banquito para las presentaciones pautadas los días viernes, nada de coreografías, nada de Opens, es otra cosa, solo gente desplegando su talento con una guitarra en mano. Bebo otro sorbo y recuerdo patente cuando me sentaba sobre el escenario de mi bar en Londres los sábados por la noche y me dedicaba a tocar las canciones que había escrito, hoy parece tan lejano estar cerca de un instrumento. - ¿Hace cuánto tiempo no canto frente a alguien? – Susurro y me pongo a rebuscar en mi mente, lo más triste es que no lo recuerdo.
Termino y lavo las cosas para no darles trabajo a las personas de la cocina, acomodo todo para que se sequen y tomo mis llaves del auto del mostrador.
Salgo a la calle y el viento matinal me da un pequeño escalofrío, estoy desabrigado, así que en un corto trote llego a mi vehículo, lo pongo en marcha y voy directo al hospital. El camino desde el bar es corto, así que no me preocupo por el tiempo, llego justo para el inicio del horario de visitas.
- Buenos días. – Saludo con una pequeña sonrisa a la chica de recepción que me devuelve un gesto apagado completamente agotado
- Buen día. – arrastra las palabras. - ¿A quién viene a visitar? – pregunta con sus ojos perdidos en la pantalla
Le paso los datos, ya que me los sé de memoria, me da el okey para poder ingresar y me despido a esperar el ascensor.
Cómo para variar está lleno y cuando se abren las puertas para dejarme ingresar es en el segundo en que me replanteo las escaleras, una chica se hace a un lado con una sonrisa coqueta para dejarme espacio pero evito observarla ¿Quién puede coquetear en un hospital? Por favor, eso es macabro. Llevo mi vista a los espejos, las lámparas, los números de los pisos, cualquier cosa antes de conectar mis ojos con esa extrañar que está perdida en mí. Sonríe cuando la observo de reojo, no hago ningún gesto, se muerde el labio y juro que si este no es mi piso, me bajo igual, pero por suerte era el indicado. Salgo casi corriendo mientras ella me despide con la mano.
- Lo más jodidamente raro que me pasó en mucho tiempo. – Le hablo a la puerta metálica cerrada y volteo para encaminarme al lado del pasillo que me corresponde.
Las puertas están cerradas, reina el silencio en todo el piso, es muy temprano y se nota.
- Matteo. – dice Federico saliendo detrás de mí. – Llegaste
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2. El secreto de Matteo Balsano (#Lutteo)
FanfictionLuego de seis años un suceso inesperado provoca el regreso de Matteo a Buenos Aires, donde tendrá que reencontrarse con sus viejos fantasmas del pasado para poder enfrentarlos y enterrarlos de una vez por todas. Sera tiempo de reencuentros algunos e...
