Since you've gone I been lost without a trace
I dream at night I can only see your face
I look around but it's you I can't replace
I feel so cold and I long for your embrace
I keep crying baby, baby, please
Seattle
Lauren
La tristeza no se combatía con compañía.
Era una de los grandes aprendizajes que había conseguido después de tantas batallas.
Era algo que habìa descubierto en el transcurso de los últimos meses.
A muchos les abrumaba la soledad de una manera tan incomprensible que intentaban que sus pensamientos jamás tomaran flote, ya que tenían miedo de que la soledad dejara presente a todas esas palabras que nunca tenían voz y que siempre se disfrazaban ante el hecho de estar acompañado.
Escapar de la soledad no solía ser tan buena opción, debido a que muchas veces ese gesto de sobrevivencia nata simplemente te traicionaba por la espalda reflejando de una manera más clara la tristeza de un corazón destruido.
Aunque no nos gustara aceptar, existían momentos donde la soledad se convertía en el mejor reflejo de nuestras almas y quién ofrecía el mejor abrazo contra el sufrimiento.
Tal vez esa era la principal razón por la cuál prefería muchas veces ese silencio ensordecedor del cuál nadie quería saber, me gustaba cuando mis pensamientos nacían como si el rocío de la soledad los alimentara.
Sin embargo, así como la compañía no podía asegurarte de que el dolor punzante se fuera, tampoco la soledad te daba la fórmula secreta para poder dejar que esa herida sane y no se sobreinfecte.
Esa fue la razón por la cuál decidí que mis pensamientos me estaban agobiando ante la fría tempestad de la soledad y que tal vez un poco de compañía podría interceder a favor de los sentimientos profundos que nacían en mi pecho de vez en cuando.
El calor del verano estaba dejando nuestras vidas para darle paso a un otoño que de a poco se mostraba con la cara digna de ser el reflejo del invierno.
—No pensé que vendrías —comentó con una sonrisa torcida la rubia de grandes ojos verdes con quién compartía mi clase de francés.
Se llamaba Marie y había sido una de las pocas personas que al enterarse de la muerte de Lucy no había llegado con el típico discurso de que lo sentía por mí ó que ella estaría en un mejor lugar.
Aquella rubia había sido algo distinto y se limitó a hacerme reír con los recuerdos que ella tenía de la castaña, memorias que yo no tenía presentes pero las sentían como si hubiesen sido mías.
Creo que eso era lo que todo el mundo sentía cuando perdía un pedacito de su corazón, todos los recuerdos aunque no fuesen estrechamente tuyos, los adoptabas para tener presente siempre que podías a la persona que se había ido.
Tenía que aceptar que muchas noches simplemente me refugiaba ante la brisa de recuerdos que ella me había dejado, esos donde no existía la palabra dolor incrustrada sobre ellos y que te permitían sacar una sonrisa después de una cortina llena de lágrimas agradeciendo a cada momento de haberla conocido.
—A veces las personas pueden sorprenderte —refuté con una breve sonrisa que rápidamente se vio más como una mueca que como cualquier otra cosa. La comunicación nunca había sido algo de lo que pudiese alardar, de hecho, tardaba demasiado en confiar en alguien como para llegar a conversar más de lo que es estrictamente necesario.
Era tan rara que amaba realmente los silencios, me gustaba quedarme con esos minutos incómodos que las personas solían rechazar para notar detalles que rara vez se presentaban cuando las personas hablaban como lo era el hecho de saber que Marie tenía un tic nervioso en sus manos ó que su risa solía ser más escandalosa cuando estaba nerviosa.
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Perfect
RandomFue en aquel momento cuando el tiempo se detuvo y las manecillas del reloj no se atrevieron a seguir girando, cuando me di cuenta de que la perfección no estaba en sus ojos, ni tampoco en la curva más bonita que tenía, ni tampoco estaba en su mirada...
