Capítulo 9: El hurón

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—Bienvenido a mi mundo Harry —le digo acercándome a él. Hermione y yo ya nos encontrábamos sentadas durante el desayuno del sábado. Pero Harry, que recién llegaba, era observado por casi todo el Gran Comedor —, tuviste suerte de que es sábado y casi nadie quiere levantarse temprano para desayunar.

—Soy tan buen amigo que hice esto para que olviden tu asunto con Malfoy —dice con sarcasmo, sentándose en frente nuestro, y tomando unos huevos revueltos.

—¿Cómo dormiste Harry? —le preguntó Hermione y luego cambia sus facciones a preocupación —. Oh, no mala pregunta, ¿Ron sigue creyendo que...

—Cree que lo hice a sus espaldas —afirmó harry —, al menos ya no tengo que elegir bandos. Ahora se la pasa con Seamus y Dean, no sé desde cuándo son tan amigos.

—Ya se le pasará... Bueno, creo que voy a callarme —vuelve a decir Hermione, ya que eso mismo me decía a mí, y allí seguía Ron, sin hablarme —. Ron está mas sensible que de costumbre este año.

—Él quería entrar a ese estúpido torneo. Creyó que quise quitarle eso, algo que nunca tuvo, y sin contárselo —se queja y por unos minutos toma sus cienes con ambas manos y mira hacia la mesa fijamente. Se lo veía estresado y nervioso, pobrecillo.

—Bueno, somos como un club ahora, al menos no estás solo —le dije, intentando animarlo.

—¿Qué no tenías una cita con Jean-Paul hoy? —me pregunta Hermione. Harry, quien estaba anteriormente con la mirada baja, rápidamente la enfoca ahora en mi.

—¿Una cita? —me dice, como si necesitara confirmar lo que había oído antes de los labios de la castaña. Yo asiento, y él me mira suspicaz.

—Sí, iremos más tarde a Hogsmeade con Jean-Paul —dije sin darle importancia. La verdad era que no quería que nadie supiera lo mucho que me importaba Draco todavía, y quería que pensaran que estaba bien con Jean-Paul. Ver a Draco con Astoria era algo de lo que no quería hablar.

—Por eso no tocaste tu desayuno, no puedes comer cuando estás nerviosa —apunta mi amigo, conociéndome muy bien. Lo que dice no es más que la verdad, una verdad que conoce desde hace tres años.

—Eso creo —respondo, viendo aún mi plato de desayuno casi sin tocar, y mi jugo casi sin beber. 

Cuando Harry terminó su desayuno, Hermione al fin soltó un libro de Pociones que estaba estudiando, y decidimos irnos hacia el jardín de Hogwarts. El día estaba pesado, y se anunciaba lluvia también para esta noche. Gracias a eso, la humedad en el aire era tan densa que hasta se podría cortar. Por esa razón, la mayor parte de los alumnos no llevaba la pesada túnica de uniforme puesta, y sus camisas se encuentran arremangadas hasta la altura de sus codos.

Aprovechando los, posiblemente, últimos días lindos de la temporada muchos estudiantes se encontraban en el jardín leyendo libros bajo los árboles.

—Oye, Potter —habla Draco, acercándose desde el árbol donde estaba apoyado —. Mi padre y yo hicimos una apuesta —comienza a hablar. Crabbe y Goyle lo siguen desde atrás, y caminan a la par formando una pared de músculo.

—¿Por qué no me sorprende que ahora estén tan cercanos? —le dije a Hermione, y en voz alta.

—No queremos escucharte, Malfoy. Déjalo en paz —le respondió Hermione, en defensiva de Harry quien ya había sufrido demasiado con lo que sucedió.

—Cállate Granger —le respondió. ¿Granger? Le dijo Granger, y no "sangre-sucia". Los gorilas lo miraron algo extraños —. Mi padre dijo que no durarías ni diez minutos en el torneo, pero yo estoy en desacuerdo, creo que no durarías ni cinco.

Outsider - Draco MalfoyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora