Capítulo 40: San Valentín

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Caminé directo hacia el Gran Comedor luego de la clase. Blaise y Theo me acompañaban en el camino, pero ninguno de los tres hablaba una sola palabra. El día era un día de mierda si estabas peleado con tu novia. San Valentín era un invento para que los pobres diablos aparezcan con regalos patéticos para sus novias, yo no era patético.

El día esta frío y nublado. La nieve cae casi constantemente dejando poca visión, e impidiendo que camines muy rápidamente. El pasillo está vacío, por unos minutos, me siento incómodo siendo seguido por ellos dos. El eco de mis zapatos caminando me hace ponerme nervioso, pero no digo nada y me dirijo hacia el jardín de Hogwarts.

—¿Qué esperará para hablarle a la Gryffindor? —murmuró Theo, quejándose nuevamente —. Merlín a veces me gustaría golpearlo en el medio del rostro.

—Theodore —dije, llamándole la atención pero sin girarme a mirarlo —. ¿Sabes que puedo escucharte?

Él se puso en frente mío en cuestión de segundos y me apuntó con el dedo índice, como acusándome.

—Pues entonces mejor. Ve y háblale, o luego la verás hablando con un francés como el año pasado —me dijo él. A decir verdad, tenía razón, pero jamás podría admitirlo a alguien como Theo, porque estará de por vida recordando la única vez que yo le he dado la razón.

—Él tiene razón, Malfoy —me dijo Blaise, en tono de advertencia —. "Oh, quién será ese Jean-Paul" —volvió a decir intentando imitar mi tono de voz. Jamás lo harían, es perfecto.

—Déjame manejarlo, ella debe pedirme disculpas.

—¿Pero qué te hizo ella? Simplemente estaba en algo ilegal con Harry Potter —se queja Theo nuevamente —. ¿Esperas que no sea una Gryffindor?

—¡DRACO MALFOY! —gritó Ava detrás de mí, antes de llegar al comedor. Su voz me sobresaltó, además de que interrumpió mi conversación con Theo.

—Van a romper su trasero —murmuró Blaise riendo, Theo se unió a las risas aunque a mí no me parecía divertido para nada. Los miré de reojo con odio, y eso pareció satisfacerles aún más, pero se alejaron unos cuantos metros de nosotros.

—¿Por qué andas gritando mi nombre por todo el castillo? —le pregunté, girando mi vista hacia ella. Ava estaba preciosa, sus ojos llenos de ira brillaban de todas formas, su nariz estaba colorada del frío y la nieve que caía se adornaba en su cabello.

—Porque no la haces gritar en la habitación —gritó Theo desde lejos, algunos estudiantes que pasaban lo miraron extrañados. Ava soltó una risita y le fruncí el ceño.

—Vine a gritarte y a que me pidas perdón —me dijo en cuanto volví a girarme a ella, había cruzado sus brazos para parecer más seria y borró su sonrisa.

—¿Yo debería pedirte perdón? —pregunté riendo sarcásticamente y acomodé las mangas de mi túnica con paciencia, la verdad es que la mirada de Ava me ponía algo nervioso.

—Por supuesto que sí —respondió y no dijo más nada.

—Ahora es cuando me dices por qué debería hacerlo —le pedí. Ella puso sus ojos en blanco y sabía que debía esperar un sermón.

—Porque me han atrapado a mí, Dumbledore se ha ido casi por nuestra culpa y tú me has hecho sentir peor, cómo si te hubiera hecho algo a ti. Solo te lo oculté, así como tú también me ocultas cosas, de hecho ya te he pedido perdón. No sé qué demonios quieres que haga, pero esto es todo.

—¿Todo? —pregunté confundido.

—Quiero que me pidas disculpas, de lo contrario yo ya me cansé de andar persiguiéndote mientras tienes tus estúpidas rabietas de adolescente —responde, se la notaba súper molesta. A decir verdad, sólo me enojé con ella porque realmente se puso en peligro al formar parte de esa tontería junto a Potter. Ejército de Dumbledore, ¿qué demonios le pasaba? 

Outsider - Draco MalfoyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora