Un grupo de sirvientes entraron a la habitación del rey dejando una enorme mesa con grandes cantidades de alimento. Hermy veía todo desde la cama, donde Durfen le dejó un rato antes, el demonio corrió a todos cuando fue preciso y se sentó empezando a devorar la comida, aunque no lo parecía, la necesidad básica de alimentarse ya le había causado malestar.
Tomaba un pedazo más del pequeño lechón asado, cuando escuchó un golpe seco junto a su cama, volteó de inmediato, Hermy se encontraba en el piso tratando de levantarse sin lograrlo, le miraba con súplica desde lejos y quiso arrastrarse, pero sus extremidades estaban tan débiles que no pudo hacer más que el ridículo.
— ¿Crees que tienes derecho de venir a la misma mesa que yo? —cuestionó con un aire superior, sin dar indicios de querer ayudarle. —Más te vale que no sea eso lo que pretendes.
Hermy comenzó a llorar fuertemente, ya no lo soportaba, tenía un hueco enorme en el estómago, se sentía mareado, le dolía tanto el cuerpo que hasta le costaba respirar, era demasiado, necesitaba algo de compasión, una pizca solamente, y ese demonio no tenía intención de brindarla.
—Cierra la boca, si sigues llorando haré que tengas buenas razones para hacerlo.
— ¡No! —chilló aterrado cuando Durfen se puso de pie, se encogió cubriéndose la cabeza con sus delgados brazos y se mordió los labios acallando el llanto.
Sintió algo golpear su cuerpo con menos dureza que una patada, abrió los ojos y observó confundido que Durfen volvía a la mesa, entonces miró a un lado encontrando el trozo de carne que el demonio había tomado segundos antes. Lo agarró de prisa y comenzó a morderlo, era difícil masticar y tragar, pero lo hizo, la necesidad de alimentarse podía más que el daño de su cuerpo.
Durfen, al ver como Hermy devoraba con tanto ímpetu la carne, puso todo lo que se le ocurrió en una charola y se la llevó junto con una jarra de vino, la puso en el piso junto al chico y se sentó en la cama viendo la devoción con la que éste le miraba mientras tomaba cada pedazo de comida, se ayudaba a tragarlo con el vino y no paró hasta que terminó todo.
Comer en esa posición, acostado por completo, no era bueno, comenzó a sentir un malestar en el estómago que aumentó cuando Durfen le tomó del brazo obligándole a levantarse y subir a la cama.
—Más te vale recuperarte de inmediato. —advirtió Durfen poniéndose de pie. —Si ensucias mi cama porque no pudiste levantarte, te haré limpiar cualquier deshecho tuyo con la lengua hasta dejar impecable, ¿entendiste?
Hermy asintió amedrentado, por suerte, la amenaza no fue acompañada de violencia, Durfen le dejó solo enseguida y él cerró los ojos quedándose dormido, agradecía que le hubiese dejado de nuevo en la cama, dormir en el piso no le ayudaría en esas condiciones.
Mientras descansaba, la energía de su cuerpo lo cubrió haciendo la labor de sanarle, poco a poco las heridas cerraban, aunque pasarían días para recuperar la movilidad por completo. Iba a ser difícil levantarse para cualquier cosa, sin embargo, lo haría, pues era peor ser castigado por ese demonio.
Durfen enfureció cuando descubrió que Roime había salido de Varnow. No dejó rastro de a dónde carajos fue, y era lógico si buscaba huir.
Sin embargo, eso representaba el menor de los problemas, en su ausencia pasaron muchas cosas, debería hacerse responsable de todo lo que no atendió en su debido tiempo, eso le mantendría ocupado al menos una semana entera. Llamó a su concejo, debía dejar en claro a todo el reino que el rey estaba de vuelta, pues parecía que muchos ya daban por hecho que abandonó el puesto.
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EL REY DE VARNOW
FantasiaEste era un mundo aparentemente diferente al que conocemos. Un amplio número de especies míticas existían ahí, sin embargo, había algo en común con el mundo humano; la crueldad de algunos que destruía a otros. Donde la magia abundaba en cualquier cr...
