Capítulo 4

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Los días pasaron. En el palacio de Varnow no había ni un segundo de calma.

Durfen estaba demasiado ocupado solucionando los problemas que el ataque ocasionó al reino. Mientras se planeaba la ceremonia anual por la conquista que llevaron siglos atrás sobre esas tierras, una especie de fiesta que duraba casi un mes entero, y no faltaba mucho para que diera inicio. No era para menos, si Varnow no pertenecía a los demonios como tal, el reino se extendía miles de hectáreas donde habitaban otras criaturas, pero la familia de Durfen llegó para destruir la paz a su paso y se establecieron en la zona central. Fue una jugada peligrosa, considerando que acabarían rodeados de enemigos y que el palacio no estaba situado en un buen punto de guerra, pero eran demonios, y demasiado fuertes, por lo que lograron dominar, esclavizar y ahuyentar a quienes se opusieron a servirles.

Esa era la razón por la cual los sátiros comenzaron a llevar ofrendas, con el fin de salvar sus propios intereses, se establecieron alianzas de diversas criaturas que favorecían a los demonios, aun cuando les temían, pues era imposible que se retiraran de sus hogares, no había muchos sitios en dónde ocultarse. Las lejanías del reino eran sumamente peligrosas, incluso más aterradoras que ser dominados por demonios.

Durfen llegó a su habitación apenas anocheció, deseaba tomar un baño, así que apenas entró se despojó de su ropa mientras avanzaba hacia el tocador anexo a su dormitorio.

Se detuvo un momento cuando escuchó la pesada respiración de aquel chico al cual aún tenía desnudo y quien enfermó por haber pasado varias noches junto a la ventana, cuando el frío era más cruel que nunca.

Su debilidad, por haber perdido tanta sangre y sus preciadas alas, no le permitía siquiera arrastrarse a otro sitio menos helado, de hecho, tampoco se había alimentado en casi dos semanas. Pasaba inconsciente la mayor parte del tiempo, cuando despertaba su mirada se perdía en algún punto y ni siquiera se inmutaba cuando el demonio se encontraba cerca, era como si no pudiese verlo.

Durfen caminó hacia el chico y pasó su mano frente a él.

Aquel Sílfide parecía un muñeco que solo respiraba, y tenía dificultades al hacerlo. Trataba de tomar bocanadas de aire y luego se sacudía un poco como si estuviese ahogándose. El demonio tomó su rostro, sin tener una reacción en respuesta, le abrió la boca revisando el interior y vio que tenía la garganta completamente cerrada.

¿Cuánto tiempo llevaba ardiendo en fiebre? Seguía igual desde el día que Varnow fue atacado. Durfen se acercaba casi diario y veía al chico cada vez peor.

Iba a morir si lo dejaba en esas condiciones, lo haría lentamente, Durfen supuso que quizá ya ni siquiera sentía dolor, no había ninguna expresión en su rostro, sus ojos parecían sin vida.

Observó el resto de ese cuerpo inerte y le pareció repugnante. El chico estaba hecho un asco, incluso olía mal, tenía la piel cubierta de sangre y mugre del suelo, hasta su rostro lucía sucio. Lo cargó en su hombro y caminó a su destino inicial.

El baño era una habitación igual de grande que su dormitorio, tenía una especie de piscina en el centro, con agua cálida que apenas y se veía por la neblina que formaba, a un costado había duchas, ahí llevó al chico y lo tiró al piso abriendo el paso de agua.

Hermy gimió estremeciendo cuando sintió una cascada helada sobre su cuerpo, comenzó a agitarse, pero no podía moverse y tuvo que quedarse ahí tratando de no ahogarse, apenas podía respirar, y hacerlo de prisa le asfixiaba.

Durfen lo levantó y pasó sus bruscas manos por toda la piel del menor, tratando de sacar de una buena vez toda la mugre que había acumulado. Alcanzó una fibra con la que frotó el pequeño cuerpo sin ninguna consideración, raspando la delicada piel.

EL REY DE VARNOWDonde viven las historias. Descúbrelo ahora