Yamil abría los ojos pesadamente, desconcertado y con el cuerpo adormecido, miró el techo de la cabaña y ladeó el rostro viendo a Baltazar a su lado.
—No intentes moverte, estás sedado. —dijo el demonio mientras le colocaba una compresa húmeda en la frente. —Margot te ha hecho oler unas plantas para que no despertaras alterado, aunque seguramente mi presencia es la que te pondría mal.
El chico estaba demasiado tranquilo, su mirada era suave y no tenía el miedo que Baltazar esperaba encontrar, esas hiervas sí que habían funcionado.
—Supongo que ahora debo hablar muy seriamente contigo, sabes que llevas a mi hijo en tu vientre, y aunque no sea de tu agrado, no tienes más opción que cuidar de él hasta que nazca. —Baltazar se puso de pie mientras hablaba, llevando el cuenco con agua a un mueble donde se detuvo un momento. —Será un embarazo complicado, la bruja lo ha dicho, así que te mantendré seguro y lejos de cualquier peligro mientras la guerra continúe.
Yamil le miraba confundido, no entendía mucho de qué hablaba, pero quería explicarle aquello que dijo y que provocó la ira del demonio.
—Perdón. —dijo bajito, le costaba mucho hablar, pero poco a poco pudo hacerlo atrayendo la atención de Baltazar. —Por decir que no quería tener un bebé... yo...
—No tienes justificación, quedó claro que esa idea te desagrada. —siseó el demonio.
— ¡No! —exclamó Yamil intentando sentarse, pero estaba demasiado mareado y adormecido.
—Deja de moverte, no puedes hacer esfuerzos. Empieza a ser más consiente, si no cuidas bien tu embarazo, te ataré a una cama y no dejaré que te levantes los siguientes meses. —advirtió Baltazar acercándose a él nuevamente.
—Escúchame, por favor. —suplicó el chico mirándole preocupado. —No quise ofenderte, no lo dije porque despreciara llevar a tu hijo en mí, es porque no tengo la fuerza que tú tienes, no puedo cuidar ni de mí, me asusta pensar en perderlo, como el primero.
Yamil se veía realmente consternado, sus ojos tristes daban a entender el dolor que sentía por la pérdida involuntaria de su anterior hijo. Baltazar recordó las porquerías de las que el chico fue víctima y cayó en cuenta de lo duro que estaba siendo con él, si lo pensaba un poco, era lógico que Yamil no quisiera volver a embarazarse, el parto prematuro que sufrió a causa de la violencia a la que le sometieron debió ser realmente fuerte para él.
El mismo Baltazar sentía cierto temor de que el embarazo no llegara a su fin como debía ser, que hubiese una pérdida por segunda vez, no lograba imaginarse el miedo que Yamil sentía en ese momento. Había sido un animal por enfadarse con él sin pensar más allá de lo que escuchó, pero la idea de que ese niño rechazara a su hijo le cabreó demasiado.
—Cuidaré de ti, no importa que tú no tengas posibilidades de protegerte, yo estaré aquí para evitar que cualquiera te haga daño. —aseguró sentándose de nuevo a su lado, estiró una mano tentándose a acariciar ese delicado rostro, lo hizo con cuidado, notando como la mirada del menor brillaba ante sus palabras. —No solo lo digo porque vayas a darme un hijo, aún si no fuera estuvieras embarazado, no permitiría que te hirieran nuevamente.
— ¿Lo dices enserio?
—Yamil, lamento haber reaccionado tan mal, debí escucharte cuando lo pediste antes, pero...
El pequeño negó sonriendo tímidamente y se acurrucó bajo su mano, cerrando los ojos sintiendo una ola de emociones agradables.
—No importa, ya no, has dicho que me cuidarás, ¿sabes cuánto esperé algo como esto? Aunque, no creí que sería así, solo deseaba que fueras más amable conmigo, y hace tiempo lo eres. No puedo quejarme. —murmuró Yamil volviendo a abrir los ojos para mirar a Baltazar. —Pero, no entiendo por qué has cambiado. ¿Es por lo que me pasó?
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EL REY DE VARNOW
FantasyEste era un mundo aparentemente diferente al que conocemos. Un amplio número de especies míticas existían ahí, sin embargo, había algo en común con el mundo humano; la crueldad de algunos que destruía a otros. Donde la magia abundaba en cualquier cr...
