La noche había caído de nuevo, Baltazar ordenó a cuatro hombres que llevaran la jaula, esa misma por la que Yamil fue tan entregado incluso sin haberlo buscado, al sitio donde se reuniría con quienes pensaban salir de ese miserable reino.
Iba detrás de ellos vigilando que la carga fuese manejada con mucho cuidado, aunque su advertencia fue clara no iba a confiarles por completo algo tan importante. Observaba al pequeño chico que antes dormía entre sus brazos y ahora hacía lo mismo envuelto en las sábanas con las que él mismo lo cubrió al encerrarlo, sabía que en cuanto Yamil despertara, tendría que enfrentarse a súplicas y posibles lágrimas tratando de convencerle de dejarle salir, pero Baltazar no iba a ceder.
La jaula era pequeña, el menor no iba a poder ponerse de pie, a lo mucho había espacio para que se sentara, Baltazar era consciente de lo incómodo que sería para Yamil, por otro lado, pensaba que era mejor así, pues por evitar despertarlo lo metió desnudo, tan solo esas sábanas lo ocultaban de otras miradas, el poco espacio evitaba que se moviera demasiado.
Cuando salieron del palacio le vio estremecer, el clima frío debió alertarlo, sus ojos se abrieron y se levantó bruscamente cuando los hombres bajaron la jaula sobre una especie de carreta. Baltazar lo tenía todo planeado, se tomó su tiempo para conseguir hasta el mínimo objeto que utilizaría, pero no lo suficiente para evitar que Yamil le mirase de la forma en que ahora lo hacía.
El chico ahora estaba sentado, se abrazó a sí mismo tapándose de nuevo al ver su propio cuerpo quedar expuesto.
—Quita esa cara, tampoco es para tanto, ¿acaso no estás cómodo? Puse algo suave debajo de ti para que no te duela la espalda por estar ahí. —dijo Baltazar acercándose a las rejas, no había nadie más ahí, los hombres que cargaron la jaula se retiraron apenas la dejaron donde debían. —Esperaremos un momento a que lleguen los demás, Koller ha decidido marcharse también, ¿no es una buena noticia? Te agrada Molly, ¿no es así?
Yamil sollozó y se acercó a donde estaba Baltazar sosteniéndose de los barrotes.
—Sácame de aquí. —susurró asustado. —Te lo suplico...
—No, y no vuelvas a pedirlo.
— ¿Por qué no? ¿Qué hice? —se quejó golpeando la reja y retrocedió al instante cuando el demonio frunció el ceño. —Creí que con lo que hicimos me habías perdonado...
—No tengo nada qué perdonarte. Ven, acércate. —pidió Baltazar metiendo una mano entre los barrotes.
Yamil obedeció dudoso y su confusión fue notoria cuando sintió una suave caricia en su mejilla, se pegó más a la mano del mayor creyendo que podría convencerlo de algo.
— ¿Por qué me has encerrado? ¿Hice algo mal? —murmuró con un nudo en la garganta. — ¿Vas a castigarme?
—Por supuesto que no. No has hecho nada, evito que lo hagas. —aclaró el demonio y sonrió con calma intentado que Yamil no se alterara más, ya estaba temblando y se encontraba pálido.
—No entiendo. —gimoteó y sollozó de nuevo. —Dices que no hice nada, pero me encerraste, además estoy desnudo. —se alejó de Baltazar pegándose al otro extremo de la jaula mirándole asustado.
—Vamos, cálmate, no le hará bien al bebé.
— ¡Si te importara no harías esto! —reclamó Yamil. — ¡Déjame salir!
—Dije que no y es mi última palabra. —siseó Baltazar dándole la espalda para evitar esa mirada llena de frustración y miedo. —Si insistes, cubriré la jaula para que no sigas siendo un fastidio.
ESTÁS LEYENDO
EL REY DE VARNOW
FantasyEste era un mundo aparentemente diferente al que conocemos. Un amplio número de especies míticas existían ahí, sin embargo, había algo en común con el mundo humano; la crueldad de algunos que destruía a otros. Donde la magia abundaba en cualquier cr...
