—Despierta, por favor. —suplicó Hermy cuando aquel beso resultó inútil. — ¡No puedes morir!
Le dio una bofetada creyendo que eso le haría reaccionar, aunque fuese para enfurecer en su contra, cada segundo era más difícil para él, sabía que Durfen moría y él también lo haría en poco tiempo.
—Tus hijos, yo..., te necesitamos. —sollozó dejándose caer sobre él.
Admitirlo era difícil, ese demonio lo único que había hecho fue arruinarle la vida, pero eso no hacía ninguna diferencia, estaban unidos, aunque Hermy no lo había deseado, a pesar de que fue forzado y violentado todo ese tiempo, la unión iba más allá del miedo y rencor que Hermy sentía por Durfen, no podía dejar que muriera, era un ser sumamente fuerte, solo él podría proteger a sus pequeños, sabía que lo haría.
Jadeó desesperado y se incorporó un poco mientras se acomodaba mejor, si un beso no era suficiente, tenía qué hacer más, debía darle toda la energía que necesitaba para al menos permitirle volver en sí y levantarse de las ruinas que le rodeaban.
No fue necesario que hiciera nada aún, levantó la mirada en cuanto Durfen se sacudió tosiendo, vio sus ojos abrirse y casi se cae tratando de hacerse a un lado, pues estaba encima de él, su brazo fue atrapado por la mano del demonio impidiendo que se moviera.
— ¿Qué mierda haces aquí? —la voz de Durfen dejaba ver que no se encontraba bien, era raposa y con cierto tono de dolor, pero eso no le impidió molestarse por la presencia del menor. — ¿Dónde están...
—Zareth está con Grim, debieron seguir hacia Hasten, no me siguieron. —explicó Hermy bajando la mirada. Estaba asustado, no sabía realmente en qué condiciones se encontraba Durfen, a pesar de que había despertado aún sentía la fuerte punzada en su pecho. —Algo me trajo hasta aquí, estás..., estás muy herido, ¿verdad?
— ¿Tienes otra obviedad que quieras mencionar? —cuestionó el demonio intentando moverse, pero hacerlo era imposible, su cuerpo no respondía como debía y era la primera vez que sentía un dolor tan insoportable.
Por supuesto que estaba herido, y peor que eso, sabía que no sobreviviría mucho tiempo en esas condiciones.
—Debes marcharte, el Dios al que me he enfrentado es tu padre, pretende asesinarte. —explicó suavizando el agarre con el que sostenía al chico.
Hermy le miró como si se hubiese vuelto loco.
—Durfen, lo que dices es...
—No hay ninguna otra forma para que tú sobrevivieras. —dijo sin permitir que el menor continuara. —Tienes qué irte ahora, no puedes hacer nada.
—Como sea, no me iré. —murmuró Hermy. —No tiene caso, si tú mueres, yo lo haré también.
— ¿Tú? —Durfen le observó un momento sin comprender, hasta que recordó, no estaba en condiciones de pensar correctamente, pero eso era algo que no tomó en cuenta al enfrentarse a aquel infeliz.
La unión entre ambos. El menor era descendiente directo de una sílfide, su especie tenía cosas muy particulares, formaban vínculos con sus amantes que eran irrompibles. Cuando se trataba de una pareja común, como sílfides y elfos, ambos se veían afectados, no ocurría con los demonios, si Hermy moría, Durfen no tendría consecuencias al respecto, pero si era al revés, el menor moriría con él, eso fue lo que debió hacerle volver a su lado.
—Maldita sea. —se sentó forzándose a hacerlo, la pérdida de fuerza se hacía más notoria, era imposible sobrevivir, el Dios le lanzó un violento anillo energético que debió recorrer todo el bosque, debilitaría a cualquier habitante de la tierra, pero para él, que estaba a unos metros de distancia, sería fatal.
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EL REY DE VARNOW
FantasyEste era un mundo aparentemente diferente al que conocemos. Un amplio número de especies míticas existían ahí, sin embargo, había algo en común con el mundo humano; la crueldad de algunos que destruía a otros. Donde la magia abundaba en cualquier cr...
