Correr ya no sirve de nada, me detengo, se que mis esfuerzos seran inútiles, caigo de rodillas, ya vencida, sin razones ni opciones.
Me miro, miro a mi alrededor, y se que nada me sirve ni nada deseo, podría emprender un viaje al otro lado del mundo solo con lo que llevo encima y no habría diferencia.
Se que pronto me enfrentare a juicio, el mas cruel y despiadado de todos, no del que no podre escapar, y lo acepto, lo acepto con el ardor de los cigarrillos en la garganta y el frío que se ha alojado permanentemente entre mis huesos.
Correr ya no sirve de nada, lo se tan pronto como mis rodillas golpean el concreto y acepto el veredicto de el juez con lágrimas que corren por mis mejillas. Es mi deber.
Se que he pecado, se que mi sangre se ha enturbiado e intoxicado por mi, pero aun así, no me arrepiento, puede que no tenga excusas, puede que no tenga razones, pero aun así, no pienso bajar la mirada, ni ocultar el rostro ante mi condena. Me niego a hacerlo.
Pero por eso, por eso me detengo.
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