Pasaron los minutos, pudieron ser horas, aún me encontraba ordenando el maldito estante lleno de libros de poesía. Los ordené por orden de autor alfabéticamente, lo sé, me costaría mucho trabajo pero quería hacerlo, además, me gustaba pasar tiempo con Justin. Puse el último libro que me quedaba en la mano en el hueco que faltaba. Me di media vuelta y me llevé un susto horrible al ver a Justin apoyado en la pared que estaba detrás de mí mirándome con una leve sonrisa en su rostro.
—Me asustaste, de nuevo —confesé como lo había hecho hace un largo rato cuando estábamos en los casilleros— ¿Desde hace cuánto me estás mirando?
No recibí respuesta. Justin borró su sonrisa mientras se acercaba a paso lento hacía mí. Mi cuerpo se estremeció, mis piernas temblaban al ver como Justin cada vez se acercaba más a mí. Lentamente, sin que él se diera cuenta, me comencé a echar cada vez más atrás, no sé porque, sólo fue un acto inconsciente. Quedé de pie casi adherida al estante detrás de mí. Justin estaba tan cerca de mí que nuevamente podía sentir su aroma.
—¿Justin? —pregunté nerviosa. Él estaba en frente de mí dejándome sin respiración ni escapatoria. Apoyó sus brazos a cada lado, como acorralándome con ambos brazos. Estábamos mirándonos directamente a los ojos, sus ojos nuevamente me estaban quemando pero me gustaba mirarlos. Quería salir corriendo justo en ese momento debido a que sabía exactamente lo que iba a pasar, pero a la vez no, tenía ganas de sentir el sabor de sus labios. Su nariz estaba junto con la mía, sólo unos milímetros y podría sentir sus labios. Su respiración comenzó a chocar contra mi rostro provocándome miles de sensaciones confundidas y me hacía olvidarme de todo. Mi cuerpo, mi boca y mi mente suplicaban porque uniéramos nuestros labios de una vez por todas, necesitaba saber cómo eran, necesitaba probarlos. Justin puso su mano de forma tímida en mi cintura. Mi cuerpo tuvo una reacción inmunológica obligándome a poner mis manos alrededor de su cuello.
No faltaba nada para que pudiésemos unir nuestros labios, pero algo se nos interpuso rompiendo toda la magia que se había creado hasta el minuto. La cerradura de la puerta comenzó a sonar por lo que inmediatamente nos separamos casi en dos segundos. No podía ni siquiera mirarlo a la cara, me sentía avergonzada, nerviosa y a la vez con rabia. ¡Estuve tan jodidamente cerca de besarlo! Sentí como mis mejillas comenzaron a arder por lo que supuse que se estaban tornando de un tono rojizo o algo por el estilo. Intenté cubrirme con mi cabello mis mejillas, no quería que Justin me viera así.
Se comenzaron a escuchar unos pasos venir directamente hacía nosotros, era lo único que se escuchaba en el silencio incómodo que se había puesto en el ambiente. Levanté mi mirada encontrándome a un Justin que, quizá, estaba igual que yo, quizá ambos no entendíamos que había sucedido momentos atrás. En los cuales nos dejamos llevar por un impulso algo loco… Un “impulso” eso tiene que haber sido para él, porque él nunca se fijaría en una chica como yo.
—¡Al fin los encuentro! —exclamó el profesor Roark mirándonos de forma extraña pero nosotros no dijimos nada.
—¡Uau! —dijo mirando el estante de libros de poesía que había ordenado. Antes de que todo pasara— Esto está muy bien, ordenarlos por autor fue una idea excelente ¿lo hizo usted señorita ______?
—Sí —afirmé bajando mi mirada rápidamente ya que me había encontrado con la de Justin.
—No sé ni siquiera para que lo pregunte. Sé que de la cabeza de Justin no puede salir ninguna idea decente…
—¡Usted...
—______ —me interrumpió poniéndose a mi lado para que dejara de hablar.
Aún no logro entender por qué mierda el profesor este trata de esta manera a Justin, no tiene el más mínimo derecho de hacerlo.
Iba a continuar hablando pero Justin tomó mi mano fuertemente haciéndome callar. Deslicé mi mirada hasta nuestras manos entrelazadas, sentí como que llegaba al cielo sin despegar del suelo…
—¿Puedes dejar de hacer tus comentarios idiotas Roark? —habló Justin sin ningún reparo ni vergüenza en hablarle así.
—Bieber, te he dicho que no me hables en ese tono. Sabes perfectamente lo que soy capaz de hacer... ¿recuerdas que una falta más y adiós colegio?
—Idiota —murmuró Justin por lo bajo.
—Cuida el tono, niñito.
—Ya me hartaste Roark —le gritó Justin caminando, de forma rápida, directamente hacía él y no con las precisas ganas de abrazarlo.
