Mi sonrisa se desvaneció rápidamente de mi rostro. ¿Tres meses? ¿Cómo nos íbamos a separar por tres meses? Nunca antes nos habíamos separado por tanto tiempo, tres meses, tres malditos meses.
—¿Te ocurre algo, _____? —preguntó Erick mientras tomaba mi rostro con ambas manos de forma delicada y suave. Parecía tranquilo el maldito insensible.
—Pero... ¿cuándo te vas? —pregunto tratando de parecer tranquila, aún sin poder tragarme la noticia por completo.
—Mañana por la mañana —me dijo angustiado y mirando el suelo. ¿Por qué demonios se le ocurre decirme a último momento? ¡Dios! Pude haber disfrutado más el tiempo con él ¡pero no! Él me dice un día antes que se desaparece por tres meses.
—¡No puedo creer que no me hayas dicho nada hasta ahora! Esperaste hasta el peor momento, ¿no es así? —exclamé enojada mientras cerraba mi casillero con fuerza y caminaba rumbo a mi salón dejándolo con la palabra en la boca.
—Lo siento, pero escúchame... —dijo mientras corría hacía mi para alcanzarme.
—Que te valla bien en tu viaje, Benson. Nos vemos en tres meses —dije de forma fría intentando no mirarlo. No tenía tiempo para discutir ahora, ni para quedar bien. Estaba furiosa, por tener que venir al colegio y porque Erick me dice a último momento que se va de viaje por tres meses.
—No quiero irme sabiendo que estás enojada.
—Si no me lo hubieses ocultado, no me hubiera enojado —le dediqué una sonrisa fría, fingida y cínica— Nos vemos Erick.
Él iba un curso más adelantado que el mío, por ende, no lo vería por la siguiente hora y cuarenta minutos.
Entré al salón correspondiente, miré alrededor y estaban casi todos los asientos ocupados, menos uno. El que estaba al lado de Justin Bieber.
Justin Bieber, lo conocía desde que entré al instituto hace dos años. En realidad, no, no lo conocía. Nunca habíamos hablado, mejor dicho, él nunca había hablado con nadie. Había tantas historias en torno a él, tantos rumores, estupideces que me costó no creerlas, aunque muchas veces he dudado.
Caminé hacía aquel asiento algo nerviosa, nunca había estado cerca de él. Y ahora tendré que pasar muchos días de mi vida sentada junto a él.
—¿Está ocupado? —musité estando parada al lado del banco.
Nada. Pasó medio minuto y no me respondió nada, ni si quiera me había dedicado una mirada, cómo si mi presencia no la hubiese notado. ¿Estaba sordo?
—Señorita ______, tome asiento para comenzar la clase, por favor —vociferó el profesor mientras entraba a la sala.
Justin aún tenía su mirada perdida en la nada y no creo que me fuese a responder. Me senté sin más remedio al lado de él.
El profesor de literatura comenzó su clase aburrida. Estuve mirando a Justin seguidas veces de forma disimulada y no importaba de todas formas porque él no se daría cuenta.
Nunca había escuchado la voz de Justin… ¿En serio? ¿Dos años desde que va en mi clase y nunca lo había escuchado hablar?... Oh, ¿cómo será su voz? De seguro debe acompañar esa apariencia de chico malo.
Tenía unos ojos hermosos, acompañados por unas pestañas cafés tupidas y una boca muy deseable por lo demás. Su aroma llegaba a mis fosas nasales, me estaba casi embriagando.
Mi corazón comenzó a latir de forma rápida y estaba temblando un poco al ver como él se acomodaba en su asiento y aclaraba su garganta de forma incómoda. Soy una idiota, una completa idiota. ¿Cómo me pude quedar pegada mirando su rostro sin siquiera disimular un poco? Era obvio que él se había dado cuenta, eso estaba claro.
Gracias a Dios sonó el timbre y rápidamente tomé mi mochila sin mirar a Justin. Sentí mis mejillas arder, mis piernas tambaleaban un poco, Justin todavía no se iba.
Caminé hacía la puerta de la sala mientras aclaraba algunas ideas en mi cabeza. Número uno, no me importa lo que Justin piense de mi... Número dos ¿por qué estoy tan nerviosa?
Y número tres, tengo novio, el cual está entrando al salón impidiéndome salir corriendo.
—¿Qué quieres ahora, Erick? —le dije tratando de calmarme un poco.
—¿Qué te pasa, _____? —preguntó con una leve sonrisa en su rostro.
—Oh nada, es sólo que amo que mi novio me deje abandonaba por tres meses sin siquiera avisarme antes —ironicé.
—Perdóname.
—Si a eso vienes...
—Vine a pedirte disculpas —me interrumpió en seco— No quiero irme enojado contigo.
Intenté salir pero Erick me acorraló entre sus brazos. Intenté no mirarlo hasta que me encontré con esos hermosos ojos mieles que me miraban fijamente. Sentía que su mirada me estaba quemando, mi respiración se agito en el momento en que Justin se paró de su asiento y comenzaba a caminar hacia donde estábamos Erick y yo.
