Estuve encerrada en casa por al menos una semana, a petición de mis tíos. Era consciente de que lo hicieron para protegerme, pero cuando mi subconsciente comenzó a compararlos con mi madre, entendí que no podía más, que terminaría enloqueciendo y echando todo a perder. Así que me escapé una madrugada. Mi intención no era abandonarlos o hacerlos sufrir, yo tan solo necesitaba sentir la llovizna fría sobre mi rostro, pisar el asfalto con mis pies al desnudo, o tan siquiera sentir la brisa acariciar mi piel. Con algo de suerte alguna de esas cosas me harían sentir viva otra vez, libre. Pero lo que no puedo negar es que a ese punto de mi vida ya me había vuelto incapaz de tomar decisiones acertadas.
Fui forzada a reanudar mis sesiones con la psiquiatra y presionada bajo chantaje a tomar pastillas que me caían como una piedra en el estómago, porque gracias a mis antecedentes, tanto Anastacia como Max pensaron que estaba teniendo las alucinaciones de mi padre, que fingía, o que estaba enloqueciendo. Me sentí miserable, sin propósito... tonta.
Entre las densas nieblas que cubrían todo a mi alrededor, alcancé a vislumbrar la plaza, pero a su vez, fui consciente de la presencia que me seguía de cerca, aquella que ni en la intimidad de mi casa dejaba de hacerme compañía.
—Personas sin problemas. ¡Qué dicha! —dije para nosotros.
—No puedes hablar con tanta seguridad de vidas que no conoces.
Reconocí esa voz. Era de quien día tras día me ordenaba café, acompañado de una macabra y fría mirada. Manuel.
Me levanté del banco y retrocedí unos pasos. La niebla aún no se había disipado y a mis espaldas un frondoso bosque amenazaba con recibirme junto a él. Sin dudas, aquella era una ciudad maldita, o tal vez quien solo tenía la dicha de conocer sus demonios era yo.
—¿Qué quieres y por qué la cámara? —pregunté al ver que me estaba grabando, mientras con una mano me animaba a acercarme.
—Hablar contigo. Nada más. —Levantó el brazo en señal de paz y se sentó donde yo estaba, en un intento de hacerme sentir en confianza.
—Quítame esa cámara de la cara, en primer lugar.
Cuando lo hizo, tomé asiento. Levanté el rostro para mirar mejor todo a mi alrededor, y fue ahí cuando me percaté de que alguien más nos filmaba a ambos desde la distancia. ¿Qué clase de juego era aquel?
—¿Está contigo? —pregunté, pero él se hizo el desentendido, lo que provocó que dudara de mí misma y lo que estaba viendo— ¿Cuál es el fin de todo esto?
Sacó un cigarrillo eléctrico y después de dar una profunda calada respondió algo que no me esperaba.
—Al mundo lo mueve el dinero, y nosotros no somos la excepción. —Me miró con una sonrisa cínica—. Eres su favorita.
Manuel era alto, robusto. Con solo abrazarme lograría inmovilizarme y hacer de mí lo que quisiera. Además, no sabía a ciencia cierta si el chico que estaba a la distancia era su compañero. Sonrió con la mirada puesta en el bosque, pero atento a cualquier movimiento de mi parte.
—¿Por qué todo tiene que ser tan complicado contigo? Al igual que las otras, no tienes nada especial. Entonces, ¿por qué tiene que ser así contigo?
Me alejé, primero con pasos apresurados, pero cuando lo vi levantarse comencé a correr. Lo que me rehusaba a asimilar, era que Manuel medía casi un metro noventa y era deportista, por lo que llevaba ventaja conmigo ante cualquier circunstancia.
—¡¿Qué quieres de mí?! ¡¿A quiénes te referiste hace unos segundos?! ¡¿Qué tiene que ver el dinero?! —comencé a gritar cuando me tomó del brazo.
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AQUEL QUE ACECHA [COMPLETA]
Mystery / ThrillerSigue la historia de Jackie, una joven que es víctima de una obsesión mortal. A medida que el acoso se intensifica, ella se verá atrapada en un macabro juego donde sus intentos de escapar solo la acercan más a aquel que la acecha. Explora los límite...
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