«Usted está saliendo de Mill Valley. Vuelva pronto».
Pasamos el letrero a gran velocidad y en ese instante fue como si una daga se me incrustara con fuerza en el corazón. No fui capaz de emitir ni una sola palabra, aunque las tuviera en la garganta. Simple y llanamente estaba muda. A mi lado Derek lo notaba, pero de un momento a otro adoptó la actitud del chico con el que compartía clases, aquel que no hablaba con nadie y que en ocasiones llegaba a dar miedo. Y sí, le tenía un poco. Por tal razón evité quejarme, a tal punto de que solo lloré en silencio. Tenía el presentimiento de que, si le molestaba con cualquier cosa, por más pequeña que fuera, me sacaría del auto y dejaría abandonada en la avenida, así como lo hizo mi familia.
Desde que salimos de la ciudad del sol, el cielo comenzó a hablarme, tan solo que en ese momento no fui capaz de verlo. Un nubazón tiñó de gris el cielo, y a los pocos minutos y mientras temblaba de miedo, cayeron las primeras gotas acompañadas de granizo, como si todo andara a su favor. Tan solo pude mirar hacia atrás a través del retrovisor, imaginándome todo lo que dejaba, y con un miedo inexplicable a no volver.
—Con este clima es peligroso que estemos en la carretera. Debemos bajar y hospedarnos en algún hotel.
No era mentira las cosas que decía. Las gotas de lluvia y granizo descendieron del cielo con furia, tanta que temí por el parabrisas del auto. De repente todos los sonidos se sincronizaron: el ritmo de las gotas de lluvia, los neumáticos y los fuertes latidos de mi corazón. En el aire había una fuerte tensión, como si el clima mismo reflejara nuestro estado de ánimo, o intenciones.
Derek conducía con la mirada fija en la carretera y las manos apretando con fuerza el volante. Se le notaba tenso, tanto que mi mirada sobre él podía hacer que explotara en mil pedazos.
—Derek, creo que no será conveniente...
No me dejó terminar y se detuvo a la orilla de la carretera, para tomar su celular y en él buscar el hotel más cercano.
—Hoy es nuestro día de suerte —dijo después de unos segundos.
—¿Encontraste alguno?
Asintió y fue aquel el momento en el que pude verlo cara a cara. Podría jurar que su rostro me dio miedo, pues si bien era inexpresivo, cargaba consigo una mirada sombría. Abrió un poco sus resecos labios, pero con una sacudida de cabeza me demostró que se arrepintió de lo que estaba a punto de decir.
—Tenemos que llegar al hotel antes de que nos agarre la tormenta.
¿Qué podía hacer yo en esa situación? Claro, no estaba siendo llevada en contra de mi voluntad y mucho menos con las manos atadas, pero había algo en el fondo, motivos y situaciones que él no me estaba contando, y que yo no era adivina para saber qué realmente ocurría.
—Tú estás a cargo.
—¡Sí, cierto! Yo estoy a cargo. Por supuesto.
Cuando me brindó esa maliciosa sonrisa sentí un escalofrío recorrerme toda la espalda y me aferré con fuerza al asiento. Ahí fue cuando cometí el error de dejarle saber que tenía miedo, y que estaba más vulnerable de lo que él pensaba.
El resto del viaje se dio mientras estábamos sumidos en un silencio sepulcral, casi terrorífico. Si bien llovía a cántaros y estábamos sobre las vías, dentro de aquel auto parecíamos aislados de cualquier asunto o ruido exterior. Fue así como treinta minutos pareció una eternidad, y contra vientos y mareas llegamos a un hotel.
—Puedes ponerte cómoda en lo que yo me doy un baño —dijo mientras ponía nuestras mochilas y bultos sobre el suelo.
—De acuerdo.
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AQUEL QUE ACECHA [COMPLETA]
Mystery / ThrillerSigue la historia de Jackie, una joven que es víctima de una obsesión mortal. A medida que el acoso se intensifica, ella se verá atrapada en un macabro juego donde sus intentos de escapar solo la acercan más a aquel que la acecha. Explora los límite...
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