5| Encuentros

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El temor se apoderó de mí de una manera catastrófica, tanto que no me animé a ir a clases en toda una semana. Pero para mi mala suerte, Anastasia insistía en que si no me animaba a salir de mi zona de confort nunca iba a sanar, así que cuando menos me lo esperé, me consiguió un trabajo informal de medio tiempo en una reconocida cafetería de la ciudad. No estaba en condiciones de salir a la calle, pero ¿y si era una señal? ¿Qué tal si aquella fuera su manera de decirme que necesitaba que me hiciera cargo de mis gastos? Tal vez ya les había comenzado a molestar verme de brazos cruzados... tal vez se estaban cansando de mí.

Siempre supuse que la familia sospechó que algo más ocurría, pero hasta el día en el que escribo esto sostuve la mentira de que todo marchaba bien. No porque esa persona haya agarrado como víctima a la chica más fácil de manipular de la ciudad, sino porque no quería que el tío Max y su familia se arrepintieran de la decisión que tomaron meses atrás. Mi intención nunca fue darles problemas, así que el saber que alguien potencialmente peligroso nos tenía al acecho, los haría preocuparse y, eventualmente, cuestionarse mi estadía en la casa. Por primera vez en años me sentía parte de un hogar, así que jamás me perdonaría destruirlo.

—Jackie, ¿puedo pasar? —llamó Amber mi atención desde la puerta.

—Claro, adelante.

—¿Emocionada? —me escrutó por completo, tal y como un detective lo haría al tener delante a un criminal.

—Sí, un poco. Aunque creo que es normal que me sienta nerviosa; nunca he trabajado en mi vida.

Se sentó en la esquina de la cama mientras en sus manos ocultaba algo. Luego habló:

—¿Cuántos meses piensas estar ahí?

—Primero veré cómo es el ambiente, y si me conviene. Además, es para estar ocupada en algo y ayudar a Max por lo menos costeando mis propios gastos de la universidad.

Asintió, emocionada.

—Estás clara de que papá no te ha exigido nada, ¿verdad?

—Claro que sí, y se los agradezco mucho. Pero siento que es mi deber, y es difícil que no obedezca a mis instintos.

Amber alzó ambas manos en señal de rendición, porque bien sabía que cuando se me metía algo en la cabeza no estaba tranquila hasta verlo realizado. De repente, se levantó de un brinco y me colocó una fina cadena de plata.

—Hace semanas que quería darte este obsequio. No sabía si te iba a gustar —confesó.

—Más equivocada no podías estar. —Me di vuelta para abrazarla.

En ese momento una parte de mí me decía que era justo que le contara todo lo que estaba ocurriendo, pero el amor y el egoísmo me motivaron a ocultárselo y no ponerle en peligro, o arriesgar mi aparente estabilidad.

—Oye, ya se me hizo tarde, así que lamento tener que irme —dije a duras penas—. Llama a las chicas para que no estés sola.

—¿Acaso crees que no tienen nada más que hacer?

—Claro que sí, ¡vamos! Te siguen a todos lados, llámalas y verás. —Salí de la habitación.

—Tienes un punto —comenzó a reír—, las llamaré. Cuídate mucho. Que tengas un muy buen primer día de trabajo.

El simple hecho de salir y ver a mis vecinos caminar sin preocupaciones hizo que me llenara de envidia y no me creyera más que una simple desdichada. ¿A esto se refería mi madre cuando me deseó aquello que la vida me debía? Puede ser. La gran incógnita era si estaba ella en lo cierto...

AQUEL QUE ACECHA [COMPLETA]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora