Una hora antes de terminar el turno ya había recogido mis cosas, así que cuando llegó el fin de la jornada, ya había salido sin coordinar con Emely y las demás chicas asuntos como el horario, las tareas y los relevos para los días feriados, o tan siquiera asegurarles que volvería al día siguiente.
Cuatro de la tarde y la calle estaba cerrada por un inesperado accidente. En un momento de desesperación se me ocurrió que llegaría más rápido si salía caminando a la avenida para allí tomar el autobús, así que me ajusté las zapatillas deportivas y me amarré el cabello en una cola. Los primeros minutos fueron suaves, hasta que llegó la media hora y mis piernas no fueron capaces de sostenerme, como consecuencia de haber pasado todo el turno parada en la cafetería. Pero, contrario a lo que cualquiera pudiera pensar, el dolor de pies no era nada comparado con aquella extraña y desagradable sensación de que estaba bajo acecho. Y no exageraba, aquella sensación era el llamado de alerta de mi sexto sentido.
—¡Fíjate por donde caminas! —gritó alguien desde su auto.
Desconcertada me detuve por unos segundos, tratando de asimilar por qué me había gritado. Fue así hasta que miré a mi alrededor y me di cuenta de que estaba caminando casi en medio de la calle, porque de manera inconsciente evité transitar cerca del matorral que seguía toda la acera. Decisión acertada, pero que no serviría de nada si por mi incompetencia resultaba atropellada.
—Dios mío —susurré al mismo tiempo que me llevé la mano derecha al pecho, cuando vislumbré quién se acercaba a lo lejos.
Manuel y los dos chicos se cambiaron de acera cuando me vieron, y con audacia aceleraron sus pasos para cruzar nuestros caminos. Yo, en cambio, contaba cada una de mis pisadas y calculaba rápido los metros que nos separaban, a la espera de que nuestros caminos se cruzaran con los de algún transeúnte más. Estaba segura de que mi cara hablaba por sí sola, y que posiblemente el miedo fuera algo de lo que ellos se aprovecharían. Pero sucedió lo impensable. Cruzaron a mi lado, solté un suspiro y por una milésima de segundo cerré los ojos esperando el tirón de mi brazo, pero nada de eso ocurrió. Pasaron a mi lado sin pena ni gloria. Tuve que detenerme para poder mirar atrás y confirmar que siguieron su curso. Tan solo dejaron atrás el olor de sus perfumes.
Me llevé de nuevo la mano al pecho y comencé a correr. Lo hice sin que me importara quien me viera, o qué pudieran pensar de mí.
(...)
—Era cuestión de tiempo para que tuvieras a alguien detrás de ti. —Amber apareció de la nada en mi campo de visión.
—¿Quién?
—Lucas, ¿quién más?
Su expresión era seria, desconcertante. Pero algo me alegró, y fue que Lucas al fin diera señales de vida.
—¿Cómo sabes eso?
Dejé a un lado el cuaderno y me concentré en ella, quien estaba parada frente a mí.
—Me hostigó durante toda la clase. Quería tu número y no tuve más opción que dárselo, ¿estuvo bien? No me digas que pasó algo entre ustedes mientras estaban en la fiesta. —Se sentó a mi lado.
—¿Crees que voy a involucrarme con alguien que usa las fiestas para ligar?
Suspiró y no supe descifrar por qué. Suspiró como si estuviera decepcionada por mi cortante respuesta, pero también como si estuviera enojada por el atrevimiento de él.
—No creas que tengo algo en contra de Lucas, porque no es así. Pero él tiene algo que...—Hizo una mueca—. No sé. Él es raro. Lo conocí por un tiempo y no creo que sus malas costumbres las haya superado de repente.
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AQUEL QUE ACECHA [COMPLETA]
Misterio / SuspensoSigue la historia de Jackie, una joven que es víctima de una obsesión mortal. A medida que el acoso se intensifica, ella se verá atrapada en un macabro juego donde sus intentos de escapar solo la acercan más a aquel que la acecha. Explora los límite...
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