Fui yo quien se levantó temprano y guardó en el auto los bultos; fui yo quien lo despertó y le dijo que teníamos que ponernos en marcha hacia donde quiera que él viera conveniente; fui yo la que, aunque su corazón estuviera roto en mil pedazos, esa mañana no pudo soltar ni una sola lágrima.
Íbamos por la ruta cuando pasamos por una farmacia. Derek se detuvo para comprar unas pastillas para las náuseas y una prueba de embarazo, pues según él, quería estar seguro. En parte yo también quería estarlo, porque más allá de los síntomas no sentía ningún otro cambio significativo en mí.
—Jack, estoy de vuelta —dijo a mis espaldas.
Me di vuelta y me lo encontré con una amplia sonrisa, mientras sostenía en sus manos varias bolsas.
—¿No que solo irías por unas pastillas?
Se encogió de hombros y me las tendió.
—Al final he visto conveniente entrar a la tienda y comprar unas cosas. Ya sabes, para cubrirme ante cualquier inesperado antojo.
No hacía falta que le preguntara a Derek si quería ser padre. Sus anhelos estaban bien reflejados en sus acciones y palabras. La noche anterior, aquella en la que creí que se me había acabado el mundo, él se encargó de fortificarme; me ayudó a ver las cosas desde un punto de vista más objetivo, y a entender que, si de verdad amaba a mi familia, debía alejarme por su seguridad.
—¿Y la prueba? —Extendí la mano.
Él la levantó, pero cuando fui a tomarla, rápido la apartó.
—No me parece que vayas sola a ese baño. Estamos en medio de la nada y sé que has visto suficientes películas de terror como para saber lo que eso significa.
Sonará extraño, pero en ese momento no tuve miedo. Estaba con Derek, ¿no? ¿Qué podía sucederme? Insistió en entrar conmigo al baño y así lo hizo. Estaba asqueroso, así que al final su compañía fue conveniente.
—¿Puedes darte vuelta?
Me miró a los ojos y con una pícara sonrisa ladeó la cabeza.
—¿Quieres que me vaya? —Señaló la puerta.
—No, te dije que te des vuelta.
Negó con el dedo índice y se apresuró a tomarme por los brazos y ayudarme a subir a la taza del baño. Mientras yo orinaba, él me acariciaba el cabello. Podía verlo desde abajo: su mentón bien marcado, su mirada avellana penetrante y las venas marcadas de sus brazos.
En ese estado, mientras me forzaba a orinar en condiciones inhumanas y ante la presencia de él, no pude evitar que se desbloqueara un nuevo recuerdo, aquella segunda petición de mi acosador en medio del bosque. De nuevo se me instaló un nudo en la garganta y se me cristalizaron los ojos. Casi me quiebro de nuevo, pero él no lo permitió.
—Yo estoy contigo, Jackie. Vamos, termina.
Obedecí su orden de inmediato. Esperamos dentro del cubículo a puerta cerrada los que parecieron los minutos más largos de mi vida, porque si bien era evidente que estaba embarazada, confirmarlo era otro caso.
—¿Qué dice la prueba? —pregunté.
Como era un poco más alto que yo no pude ver los resultados, pero el brillo en sus ojos, el apretón en mi cintura y sus labios entreabiertos, me confirmaron que en ese momento él fue el hombre más feliz del mundo.
—¡Es positivo! —Se abalanzó sobre mí y me llevó hasta el otro extremo de la pared. Mientras me sostenía de la cabeza me besaba, y con su lengua me dejó más que claro lo mucho que me deseaba.
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AQUEL QUE ACECHA [COMPLETA]
Misterio / SuspensoSigue la historia de Jackie, una joven que es víctima de una obsesión mortal. A medida que el acoso se intensifica, ella se verá atrapada en un macabro juego donde sus intentos de escapar solo la acercan más a aquel que la acecha. Explora los límite...
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