Capítulo 17

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La conversación en la sala fluyó con naturalidad, aunque yo apenas podía concentrarme en lo que decían. La presencia de tantos miembros de la familia de Fernando me hacía sentir como si estuviera en una obra de teatro sin conocer mi guion. Daniel y Amelia parecían agradables, pero eso no hacía que la incomodidad desapareciera del todo.

Fernando, por su parte, se mantenía relajado, interviniendo en la conversación cuando era necesario y, en ocasiones, mirándome de reojo, como asegurándose de que todo estuviera en orden. Yo intentaba sonreír en los momentos adecuados, asentir cuando alguien decía algo gracioso y no parecer demasiado tensa.

—¿Y ustedes? —preguntó Daniel de repente, mirándonos a Fernando y a mí—. ¿Han pensado en hacer una ceremonia aquí en Inglaterra?

Sentí que mi estómago se encogía. No había considerado que podrían preguntar algo así. Miré de reojo a Fernando, esperando que respondiera primero.

—Aún no hemos hablado de eso —dijo él con calma, tomando un sorbo de vino—. Todo ha sido un poco apresurado con el trabajo y ahora con la situación de mi padre.

Daniel asintió, sin parecer del todo convencido.

—Claro, claro. Pero sería bonito, ¿no? A la abuela le encantaría algo así.

—Sí, bueno... —dije, buscando una respuesta que no me hiciera sonar completamente fuera de lugar—. Supongo que ya veremos con el tiempo.

Amelia sonrió suavemente.

—No hay prisa. Lo importante es que disfruten el momento.

Le devolví la sonrisa, aunque mi mente seguía procesando la idea de una supuesta boda en Inglaterra. Como si esta farsa no fuera lo suficientemente complicada.

Laura intervino antes de que el tema fuera más lejos.

—Bueno, ya es tarde y han tenido un viaje largo. ¿Por qué no los dejamos descansar? Mañana será un día ocupado.

Le agradecí mentalmente por el cambio de tema. Nos levantamos del sofá, y después de despedirnos de todos, Fernando me guió fuera de la sala.

Cuando llegamos a la habitación, solté un suspiro y me dejé caer sobre la cama.

—¿Siempre son así de curiosos? —pregunté, mirándolo mientras él se quitaba la chaqueta.

Fernando sonrió de lado.

—Es normal, eres mi esposa. Quieren conocerte mejor.

Rodé los ojos.

—Bueno, pues que no se esfuercen tanto. Me ponen nerviosa.

Fernando soltó una pequeña risa y se acercó a la cama, inclinándose ligeramente hacia mí.

—Lo hiciste bien esta noche.

Mi corazón dio un pequeño brinco, pero mantuve la compostura.

—Gracias... supongo.

Él se enderezó y comenzó a desabrocharse los botones de la camisa.

—¿Qué haces? —dije nerviosa.

Fernando arqueó una ceja, divertido.

— Me pongo cómodo para dormir.

Sentí el calor subir a mis mejillas y me giré en la cama, fingiendo estar muy ocupada acomodando las sábanas. Me levanté para dirigirme a la maleta y comenzar a buscar mi pijama.

Después de encontrar mi pijama, me quedé allí, en silencio, esperando que Fernando saliera de lo que parecía el baño. Quería aprovechar el momento para darme un baño rápido antes de dormir, aunque no podía evitar sentirme algo incómoda. ¿Cuánto tiempo más tendría que acostumbrarme a esta situación?

Propuesta Laboral ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora