La casa estaba más animada que nunca. Después de tanta preocupación y tensión por la salud de Andrés, verlo en casa, recuperándose y rodeado de su familia, era un alivio para todos. La tarde había pasado entre risas, conversaciones relajadas y el delicioso pay de Patricia. Ahora, con la brisa nocturna colándose por la terraza, la sensación de tranquilidad era innegable.
Me estiré un poco en mi asiento, disfrutando del aire fresco, mientras Oliver seguía a mi lado, apoyando su cabecita en mi brazo. Al parecer, el azúcar del pay no le había dado demasiada energía, porque ahora parecía más bien listo para dormirse en cualquier momento. Patricia notó esto y se acercó con una sonrisa.
—Creo que es hora de que este pequeñito se vaya a dormir —dijo con ternura, levantándolo en brazos.
Oliver protestó un poco, pero ni siquiera tuvo fuerzas para quejarse mucho. Solo apoyó su cabeza en el hombro de su madre y cerró los ojos con un suspiro.
—Definitivamente lo consentiste demasiado —bromeó Valentina, dándome un codazo ligero.
Sonreí encogiéndome de hombros. —No es mi culpa que sea adorable.
Fernando, que había estado escuchando la conversación en silencio, dejó su taza de café sobre la mesa y se estiró un poco.
— Bueno, parece que la casa volverá a estar un poco más tranquila —comentó
Andrés tomó la mano de Laura, quien lo miró con cariño. —Lo importante es que ya estoy aquí y que todo salió bien. No sé qué haría sin todos ustedes.
—Pues más te vale cuidarte, porque no pienso volver a pasar por otro susto así —le respondió Laura con un tono entre serio y cariñoso, dándole un suave apretón en la mano.
Todos rieron con la forma en que Laura lo regañaba con amor, y el ambiente se sintió aún más cálido.
—Bueno, creo que yo también me iré a descansar —dije, levantándome de mi asiento. La verdad era que el día en la playa, la emoción de la llegada de Andrés y todo lo que había pasado me habían dejado agotada.
Fernando también se puso de pie casi al mismo tiempo. —Yo igual, ha sido un día largo.
No pude evitar notar la mirada rápida que Valentina nos lanzó antes de tomar su taza y beber un sorbo, ocultando una sonrisa divertida. Fingí no darme cuenta y simplemente me despedí del resto antes de entrar a la casa y subir las escaleras.
Cuando entramos a la habitación, Fernando cerró la puerta tras de sí y se quedó en silencio por un momento, como si estuviera pensando en algo. Me quité los zapatos y fui directo al armario para sacar algo más cómodo para dormir.
—Fue un buen día, ¿no? —dije, tratando de romper el silencio mientras buscaba una camiseta.
Fernando asintió, metiendo las manos en los bolsillos. —Sí, la verdad es que sí.
Me giré para mirarlo y noté que tenía una expresión más relajada de lo normal. Había algo en su mirada, una especie de calma que no solía mostrar con frecuencia.
—Mañana será más tranquilo, supongo —comenté, colocando la ropa sobre la cama.
—Eso espero —dijo, con una leve sonrisa.
Aproveché el momento para cambiar de tema.
—Por cierto, creo que necesitamos anillos de casados. —Noté cómo la expresión de Fernando cambiaba ligeramente y continué antes de que pudiera decir algo—. El otro día Isabella me preguntó dónde estaba mi anillo y tuve que decir que lo dejé en casa para no perderlo en la playa.
ESTÁS LEYENDO
Propuesta Laboral ©
RomanceTras graduarme en secretariado ejecutivo, decidí dar un giro a mi vida y mudarme de Madrid a Medellín, Colombia, en busca de nuevas oportunidades. Sin embargo, la realidad me golpeó cuando descubrí que encontrar trabajo no era tan sencillo como me h...
