Capítulo 23

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Desperté con la luz suave de la mañana filtrándose a través de las cortinas. El ambiente estaba en completo silencio, y por un momento, me quedé recostada, con los ojos cerrados, disfrutando de esa tranquilidad que solo los primeros minutos del día podían ofrecer. Cuando me moví para levantarme, sentí el calor de la cama a mi lado. Fernando seguía dormido profundamente, y no pude evitar pensar que, a pesar de todo, en esos momentos no había más que calma.

Me levanté con cuidado, sin hacer ruido, y me dirigí al baño para darme una ducha. El agua caliente me relajó, y me permitió despejar un poco la mente antes de enfrentar el día. Al salir, me sentí un poco más despejada, pero al mismo tiempo, aún me rondaban varias preguntas que no tenía claro cómo responder.

Bajé las escaleras y, al llegar a la cocina, encontré a Valentina, quien parecía estar de buen humor.

—¡Sofía! —exclamó con una sonrisa de oreja a oreja—. ¡Tengo una noticia increíble!

Me detuve frente a ella, algo sorprendida por su entusiasmo.

—¿Qué pasa? —le pregunté, aunque ya me imaginaba por la expresión de su rostro que algo bueno debía ser.

—¡Papá va a salir del hospital hoy! —dijo, casi sin poder contener su emoción—. ¡Le dieron de alta y va a estar en casa en unas horas!

Mi rostro se iluminó con la noticia. La alegría de Valentina era contagiosa.

—¡Eso es genial! —respondí, sonriendo de verdad—. Seguro que Laura está feliz.

Valentina asintió con una gran sonrisa.

—Sí, mamá está más aliviada, y yo también. Vamos a estar todos juntos otra vez. Papá va a estar en casa, descansando. Y no tienes idea de lo mucho que esto significa para mí —dijo, con los ojos brillando de felicidad.

Le di un abrazo breve, sorprendida por lo emocionada que estaba.

—Estoy muy contenta por ti, Valentina. Sabía que este día llegaría pronto, pero aún me alegra escuchar la noticia —le dije sinceramente.

Ella soltó una risa alegre.

—Gracias, Sofía. Ya casi no puedo esperar para verlo en casa. Estoy segura de que papá va a estar muchísimo mejor ahora que estará rodeado de todos nosotros.

El ambiente en la cocina se volvió más relajado después de esa noticia. El día se sentía más ligero, como si el peso de la preocupación sobre la salud de Andrés se hubiera aligerado de alguna manera. Sin embargo, el recuerdo de la conversación con Fernando me rondaba por la cabeza, pero hoy era un buen día, y no quería cargarlo con más dudas.

Valentina se acercó al café y comenzó a preparar una taza, mientras yo me sentaba en la mesa, reflexionando sobre todo lo que había pasado.

Valentina se acomodó en una silla frente a mí, tomando un sorbo de su café y sonriendo de oreja a oreja.

—Hoy es un buen día, Sofía —dijo, con ese entusiasmo que siempre la caracteriza.

Sonreí, asentí, pero mi mente seguía un poco en otro lado. Después de todo lo que había pasado con el papá de Valentina, el hecho de que finalmente dieran de alta a su padre me dio una sensación de alivio, pero también me hacía pensar en cómo las cosas entre Fernando y yo seguían siendo... complicadas.

—Sí, parece que todo está mejorando —respondí, pero sin mucha energía. Mi sonrisa no llegó a ser tan convincente como esperaba.

Valentina me miró un poco sorprendida, como si supiera que algo andaba mal.

—¿Qué pasa? Te noto rara —comentó, levantando la mirada de su taza y observándome.

Suspiré y traté de restarle importancia.

Propuesta Laboral ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora