Capítulo 28

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Sentí un ligero movimiento, como si alguien me estuviera acomodando con cuidado. Mi cuerpo estaba cálido, envuelto en una manta suave, y el aroma familiar de Fernando me rodeaba. Me removí un poco, intentando aferrarme al sueño, pero la consciencia comenzó a abrirse paso poco a poco.

Entreabrí los ojos y lo vi ahí, inclinado sobre mí, acomodando la manta a mi alrededor con una expresión serena, aunque ligeramente concentrada.

—¿Qué...? —murmuré con la voz pastosa por el sueño, sintiendo mi propia confusión.

Fernando levantó la mirada y noté que sus ojos reflejaban la luz tenue de la habitación.

—Te quedaste dormida afuera —respondió en voz baja—. Y hacía frío.

Parpadeé, tratando de recordar cómo había terminado ahí. Lo último que venía a mi mente era la fogata, la risa de los demás, mi cabeza apoyada en su hombro... Oh.

Me removí ligeramente, sintiendo el calor subir a mis mejillas.

—Pudiste haberme despertado —susurré, intentando ignorar el hecho de que me había cargado hasta la cama.

Él simplemente se encogió de hombros. —Parecías cómoda.

No supe qué responder. Hubo un breve silencio, solo interrumpido por el sonido del viento fuera de la cabaña.

Fernando se puso de pie y metió las manos en los bolsillos, como si estuviera esperando asegurarse de que estaba bien antes de irse.

—Descansa, Sofía —dijo con un tono más bajo, dándome una última mirada antes de girarse hacia la puerta.

Yo solo lo observé irse, sin saber exactamente qué pensar de todo aquello.

Esperé a que la puerta se cerrara detrás de Fernando antes de soltar un leve suspiro. Todavía me sentía un poco aturdida por el sueño, pero el frío en la piel me hizo recordar que seguía con la ropa que había usado afuera.

Con un ligero escalofrío, me levanté de la cama y busqué mi pijama en la maleta. Me moví con calma, todavía sintiendo el cuerpo pesado por el cansancio del día. Cuando finalmente me puse la pijama, me metí de nuevo bajo las cobijas, disfrutando del calor que todavía quedaba en ellas.

Cerré los ojos, pero mi mente seguía dando vueltas en lo mismo: el tono suave en la voz de Fernando, la forma en que me había cargado sin despertarme, su mirada antes de salir de la habitación...

Sacudí la cabeza ligeramente. No debía pensar demasiado en eso.

Con un último suspiro, me acomodé mejor en la almohada y dejé que el sueño me envolviera otra vez.

La luz tenue de la mañana se filtraba por la ventana, anunciando el inicio de un nuevo día. Moví ligeramente los dedos antes de abrir los ojos por completo, disfrutando del calor bajo las cobijas. Pero fue entonces cuando noté algo más.

Un leve peso contra mi espalda.

Mi cuerpo se tensó por instinto antes de darme cuenta de que Fernando estaba demasiado cerca. Su respiración tranquila chocaba contra mi cuello, y el calor que desprendía hacía que la sensación de frío en la habitación desapareciera por completo.

Tragué saliva y me obligué a no moverme demasiado. Tal vez si lo hacía con cuidado, podría separarme sin despertarlo. Pero justo cuando intenté alejarme un poco, sentí cómo su brazo se movía apenas, como si su subconsciente se resistiera a perder el contacto.

Mi corazón latió un poco más rápido.

No sabía si él estaba realmente dormido o si simplemente no le molestaba la cercanía. Pero en cualquier caso, yo no podía seguir ahí fingiendo que no pasaba nada.

Propuesta Laboral ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora