Cuando Valentina y yo llegamos a la casa, el sol brillaba con intensidad sobre el jardín, y una ligera brisa movía las cortinas de la terraza. Fernando y Daniel estaban ahí, sentados y conversando con tranquilidad, pero apenas les dirigimos una mirada antes de subir las escaleras. No tenía ganas de interactuar con Fernando después de la conversación que había escuchado la noche anterior, y Valentina estaba demasiado emocionada por nuestro día de playa como para detenerse a charlar con su hermano y su primo.
—No podemos tardarnos mucho o el sol se nos irá —dijo Valentina mientras entrábamos a su habitación.
—Dudo que eso pase pronto, pero igual, mejor apurémonos —respondí con una sonrisa.
Cada una fue a su respectiva habitación para cambiarse. Me puse un traje de baño cómodo debajo de un vestido ligero y busqué unas sandalias que fueran adecuadas para la arena. También metí protector solar, una toalla y gafas de sol en una bolsa antes de volver a encontrarme con Valentina en el pasillo.
—Bien, ya estoy lista —anunció ella, acomodándose un sombrero sobre la cabeza—. ¿Tú?
—Lista —asentí, acomodando la correa de mi bolso sobre mi hombro.
Valentina bajó las escaleras con paso ligero, ajustándose el sombrero con una sonrisa. Yo la seguí, asegurándome de llevar todo lo necesario en mi bolso.
Al salir al vestíbulo, vimos que Fernando y Daniel seguían en la terraza, pero esta vez sus miradas se posaron directamente en nosotras.
—¿Y ustedes a dónde van tan arregladas? —preguntó Daniel, alzando una ceja.
—A la playa —respondió Valentina como si fuera la cosa más obvia del mundo.
Fernando nos miró con curiosidad y apoyó un brazo en el respaldo de la silla.
—¿Van solas?
—No exactamente —contestó Valentina enseguida—. Invité a Isabella y ella traerá a unos amigos.
Yo me giré a verla, sorprendida, porque no tenía ni idea de ese pequeño detalle. Pero Valentina ni se inmutó, solo se encogió de hombros como si fuera cualquier cosa.
—¿Ah, sí? —dijo Fernando, con una expresión difícil de leer.
—Sí —confirmó Valentina, sonriendo divertida—. Ojalá alguno de sus amigos esté guapo.
Daniel se echó a reír, mientras que Fernando frunció ligeramente el ceño.
—Bueno, que se diviertan —dijo Daniel con una sonrisa.
—Lo haremos —aseguró Valentina antes de tomarme del brazo y sacarme prácticamente a rastras.
Mientras nos alejábamos, sentí la mirada de Fernando siguiéndonos hasta que cerramos la puerta detrás de nosotras.
El camino hacia la playa fue agradable. La conversación fluyó con facilidad entre nosotras, desde temas triviales hasta chismes familiares que Valentina compartía con emoción.
Cuando finalmente llegamos, el sol brillaba alto en el cielo y el sonido de las olas nos recibió con una brisa fresca. Valentina estacionó cerca de un grupo de coches y apenas bajamos, una chica alta y de cabello oscuro nos saludó con energía desde la sombra de una palmera.
—¡Vale! ¡Sofía! —exclamó Isabella, caminando hacia nosotras con una gran sonrisa—. Qué bueno que llegaron, ya pedimos algo de tomar.
—¿Y tus amigos? —preguntó Valentina con interés, mirando alrededor.
Isabella soltó una risa.
—Allá —señaló hacia un grupo de chicos que estaban más cerca de la orilla, algunos metidos en el agua y otros sentados en la arena—. Ven, vamos.
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Propuesta Laboral ©
RomanceTras graduarme en secretariado ejecutivo, decidí dar un giro a mi vida y mudarme de Madrid a Medellín, Colombia, en busca de nuevas oportunidades. Sin embargo, la realidad me golpeó cuando descubrí que encontrar trabajo no era tan sencillo como me h...
