Capítulo 27

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El sonido del despertador me sacó del sueño en el que apenas me había sumergido unas horas antes. Me estiré bajo las sábanas y, con un suspiro, apagué la alarma. A mi lado, Fernando seguía con los ojos cerrados, aunque por la forma en la que fruncía el ceño, supe que también había despertado.

—¿Listos para un viaje familiar? —murmuré con voz aún adormilada mientras me sentaba en la cama.

Fernando abrió un ojo y me miró con una mezcla de sueño y resignación.

—Más listos imposible —respondió, antes de girarse y quedarse boca arriba, mirando al techo.

Reí suavemente y me levanté de la cama para alistarme. Como la noche anterior ya había preparado mi bolso, solo me tomó unos minutos estar lista. Cuando salí del baño, ya vestida para el viaje, Fernando estaba terminando de abotonarse la camisa.

—Bajaré a ver si necesitan ayuda con algo —le dije mientras tomaba mi bolso.

—Te alcanzo en unos minutos —respondió él, ajustándose el reloj.

Al salir de la habitación, el sonido de voces y movimiento en la planta baja indicaba que todos estaban terminando de alistarse. En la cocina, Laura organizaba unos bocadillos para el camino, mientras Patricia revisaba que Oliver tuviera todo lo que necesitaba.

—¡Buenos días! —saludé con energía.

—Buenos días, querida —respondió Laura con una sonrisa—. ¿Dormiste bien?

—Sí, lo suficiente —mentí, porque la verdad era que había dado muchas vueltas en la cama antes de poder dormirme del todo.

—Eso es bueno. Ya casi tenemos todo listo, solo falta que los hombres bajen —comentó Patricia con diversión, mientras terminaba de cerrar un pequeño termo con café.

Unos minutos después, Fernando apareció, seguido de Andrés y Luca. Daniel e Isabella llegaron poco después, luciendo igual de entusiasmados que el resto. Con todo listo, comenzamos a salir para subirnos a los autos.

El amanecer aún no terminaba de iluminar el cielo cuando comenzamos a cargar las maletas en los autos. El ambiente estaba lleno de esa emoción somnolienta que solo ocurre en los viajes tempranos, con bostezos escondidos y tazas de café a medio tomar.

—¿Todos listos? —preguntó Andrés, ajustando su bufanda.

—Listísimos —respondió Valentina, aunque su voz arrastrada delataba lo contrario.

Fernando, como siempre, se veía fresco y despierto, apoyado contra el auto mientras revisaba su teléfono. Me acerqué a él con mi bolso de mano y una bufanda gruesa que apenas me dejaba ver la boca.

—¿Seguro que no necesitas más abrigo? —me preguntó, mirándome de reojo.

—Estoy bien —respondí con una sonrisa.

Después de asegurarnos de que todo estaba en orden, subimos a los autos y emprendimos el camino hacia The Lake District. El paisaje cambió rápidamente de la ciudad a amplios campos cubiertos con una ligera capa de nieve, lo que hacía que el viaje se sintiera casi mágico.

Durante el trayecto, Isabella no dejó de hacer comentarios entusiastas sobre lo hermoso que sería el lugar. Mientras tanto, Oliver dormía plácidamente en el regazo de Patricia, ajeno al bullicio.

—Espero que la cabaña tenga buena calefacción —murmuré, recordando las advertencias sobre el frío de la zona.

Fernando, que iba manejando, sonrió sin apartar la vista del camino.

—Si no, ya sabes. No te preocupes, princesa, tu hombre se encargará de que no sufras por el frío —dijo en un tono burlón, claramente imitando a Isabella.

Propuesta Laboral ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora