Capítulo 18

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Después de un desayuno tranquilo en casa de la familia Woodley, Fernando y yo nos preparamos para visitar a su padre en el hospital privado donde estaba internado. La familia decidió acompañarnos, ya que también querían verlo y aprovechar la visita para recibir noticias de su estado de salud.

El trayecto hasta el hospital fue silencioso en su mayoría, aunque Laura intentó mantener el ánimo ligero hablándome sobre algunos recuerdos de Fernando cuando era niño. No pude evitar sonreír ante algunas anécdotas, especialmente cuando mencionó cómo solía meterse en problemas con su hermano Luca.

Al llegar al hospital, nos dirigimos a la sala de espera, donde ya nos estaban esperando más familiares. Los abuelos de Fernando estaban allí, junto con su tío, el hermano de su padre, y su esposa. También conocimos a su prima, Isabella, quien resultó ser completamente diferente a Fernando. Mientras él era serio y reservado, ella irradiaba energía y confianza, con una actitud extrovertida y libre que hacía que fuera imposible no notar su presencia.

—¡Así que tú eres Sofía! —exclamó Isabella con entusiasmo, abrazándome antes de que pudiera reaccionar—. He escuchado tanto sobre ti.

—¿Ah, sí? —pregunté, sorprendida, lanzándole una mirada a Fernando.

—Oh, claro. Mi tía Laura no para de hablar de lo maravillosa que eres —dijo con una sonrisa traviesa—. Además, tenía curiosidad por conocer a la mujer que logró atar a mi primo.

Fernando resopló, claramente acostumbrado a su prima.

—No exageres, Isabella —dijo con una ligera sonrisa.

Después de las presentaciones y un poco de charla, una enfermera nos informó que podíamos ver al señor Woodley, pero solo por unos minutos, ya que aún estaba en recuperación. Entramos en la habitación en grupos pequeños, dejando que Laura y los hermanos de Fernando fueran primero. Cuando finalmente fue nuestro turno, sentí una ligera tensión en el ambiente.

El señor Woodley estaba recostado en la cama, con un aspecto más pálido de lo normal, pero sus ojos mostraban determinación. Laura tomó su mano con cariño, mientras él nos miraba con una leve sonrisa.

—Papá —dijo Fernando con suavidad, acercándose a su lado.

Andrés abrió los ojos y sonrió débilmente.

—Hijo, Sofía —saludó con voz ronca—. Me alegra verlos aquí.

—Nos alegra verte mejor, papá —respondió Fernando, acercándose un poco más—. ¿Cómo te sientes?

—Mucho mejor de lo que esperaba —dijo su padre

El doctor entró poco después, con una expresión tranquila y profesional. Revisó rápidamente las constantes vitales de Andrés antes de dirigirse a nosotros.

—Buenas noticias —dijo con una sonrisa—. La recuperación del señor Woodley avanza favorablemente. Si todo sigue así, podrá regresar a casa en unos días. Solo necesita seguir descansando y evitar el estrés.

—Eso es un alivio —comentó Fernando, dejando escapar un suspiro de alivio.

Laura tomó la mano de su esposo con ternura, claramente emocionada por la noticia.

—Gracias, doctor —dijo con gratitud.

—Haré los arreglos para que todo esté listo cuando le den el alta —agregó el médico—. Por ahora, pueden quedarse un momento más, pero recuerden que necesita reposo.

Cuando el doctor salió de la habitación, Andrés nos miró con una leve sonrisa y luego fijó sus ojos en Fernando.

—Hijo, deberías llevar a Sofía a conocer la ciudad —dijo con voz pausada pero firme.

Propuesta Laboral ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora