Al llegar al hospital, el ambiente estaba tranquilo, pero se notaba una ligera tensión. Era tarde, pero aún había algo de movimiento en la recepción. Fernando y yo nos dirigimos hacia la habitación de su padre, pero antes de llegar, nos encontramos con Laura en el pasillo.
—¡Sofía, Fernando! —saludó Laura, sonriéndonos al vernos llegar—. ¿Cómo estuvo su día por la ciudad?
—Muy bien, mamá —respondió Fernando, sonriendo de vuelta—. Fuimos a recorrer algunas partes de Brighton. Sofía disfrutó mucho.
—Sí, todo estuvo muy bonito —dije, devolviendo la sonrisa.
Laura asintió, contenta de vernos bien.
—Me alegra escuchar eso —dijo ella con una sonrisa cálida.
—. Y, ¿cómo está mi padre? — Fernando suspiró, dándole una mirada expectante a Laura.
—Está descansando ahora —respondió Laura con tono suave, tratando de mantener la calma—. Está mucho mejor, la recuperación va muy bien. Por ahora está durmiendo, pero el doctor dijo que en unos días podría estar listo para regresar a casa.
—Eso es un alivio —comenté, aliviada de escuchar que las cosas iban mejorando.
—Sí, lo es —dijo Fernando, asintiendo—. ¿Tú cómo estás, mamá?
Laura sonrió levemente, pero su cansancio se notaba. Había estado aquí todo el día, y probablemente la preocupación por su marido le pasaba factura.
—Estoy bien — respondió con una sonrisa amable — ustedes deberían ir a descansar un poco. Luca ya me trajo todo lo que necesito para pasar la noche aquí con Andrés, así que no se preocupen.
Nos miramos un momento, sin saber si debíamos insistir más.
—¿Seguro que no necesitas nada más antes de que nos vayamos? —preguntó Fernando, preocupado.
—No, todo está bajo control. Pueden irse a casa, de verdad. Necesito descansar un poco también —dijo Laura, y su tono era tan firme y cálido que no tuvimos más opción que aceptar.
Nos despedimos de ella con un abrazo rápido y unas palabras de aliento, antes de caminar hacia la salida. Fernando pareció más tranquilo al ver que su madre estaba bien, y mientras nos dirigíamos a la puerta, se giró hacia mí.
—¿Te gustaría ir a cenar antes de ir a casa? —me preguntó, su tono relajado.
Me detuve un momento para pensarlo. El día había sido largo, pero también había sido agradable. Una cena tranquila sería una buena manera de terminar la jornada.
—Sí, suena bien —respondí con una sonrisa.
—Conozco un lugar cerca de aquí que tiene una comida excelente —dijo Fernando mientras me guiaba hacia el coche.
Fernando condujo por un par de calles tranquilas, y mientras lo hacía, no pude evitar preguntarme dónde íbamos. Conociendo su estilo, imaginé que me llevaría a un restaurante elegante y lujoso, lleno de cristales, manteles blancos y música suave de fondo. Algo que, de alguna manera, encajara con su imagen de hombre serio y sofisticado.
Sin embargo, cuando llegamos, me sorprendí al ver un restaurante pequeño, con una fachada rústica y acogedora. Las luces cálidas iluminaban el lugar, y el olor a comida casera se filtraba por la puerta. Era un sitio que no esperaba en absoluto. La gente dentro reía y conversaba, y el ambiente era informal, relajado.
—¿Este es el lugar? —le pregunté, sorprendida pero encantada.
—Sí, me gusta mucho —respondió Fernando, sonriendo al ver mi reacción.
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Propuesta Laboral ©
RomansaTras graduarme en secretariado ejecutivo, decidí dar un giro a mi vida y mudarme de Madrid a Medellín, Colombia, en busca de nuevas oportunidades. Sin embargo, la realidad me golpeó cuando descubrí que encontrar trabajo no era tan sencillo como me h...
