El sol comenzaba a ponerse, y la terraza seguía tranquila. Aunque la atmósfera era relajada, no pude evitar sentirme algo incómoda. Miraba de vez en cuando mi mano, el anillo me recordaba lo mucho que había cambiado todo. Fernando, ajeno a mis pensamientos, conversaba con su padre y William sobre un par de temas de la empresa, cuando de repente, Andrés, el papá de Fernando, se dirigió a todos.
—¿Cuánto tiempo más planean estar por aquí? —preguntó Andrés, mirando a Fernando con curiosidad, mientras tomaba un sorbo de su bebida.
—Aún no estoy seguro —dijo, como si estuviera ponderando las opciones. —Todavía tengo que resolver algunas cosas de la empresa en Colombia, así que no creo que estemos mucho más tiempo por aquí.
Andrés asintió, pensativo, y no insistió más, pero todos en la mesa pareció que estaban esperando más detalles. Sin embargo, Fernando no se extendió mucho más en el tema.
—Cuando tenga todo listo, volveremos. No hay prisa —añadió con una sonrisa, intentando restarle importancia.
Valentina, que estaba cerca de nosotros, se adelantó para cambiar de tema, visiblemente aliviada de no tener que entrar en detalles sobre los planes de Fernando.
—¡Bueno! ¿Qué tal si preparamos la cena? —dijo con entusiasmo, moviéndose rápidamente para comenzar a organizar todo.
Todos nos movíamos entre risas y charlas mientras nos dirigíamos a la parrilla en la terraza. Fernando y William se encargaban de la carne, con un par de cervezas en mano, mientras Valentina y yo nos ocupábamos de los acompañamientos, cortando verduras y preparando ensaladas. El aire fresco de la tarde se mezclaba con el aroma a carne asada, creando una atmósfera relajada y llena de risas.
—¿Tú te encargas de las ensaladas? —me preguntó Valentina, mientras me pasaba una hoja de lechuga.
—Sí, ¡y a ti te toca vigilar que no se queme la carne! —le respondí, sonriendo mientras organizaba todo en la mesa.
En ese momento, escuchamos el sonido de un coche estacionándose en la entrada. Daniel e Isabella acababan de llegar. Isabella, como siempre, con una gran sonrisa, entró seguida de Daniel, quien saludó de manera amigable pero algo distraída.
—¡Hola! —dijo Isabella, dirigiéndose directamente a Valentina. —¿Necesitan ayuda con algo?
—Sí, trae esa salsa de ajo que preparaste la última vez, por favor —respondió Valentina, señalando a la mesa donde aún faltaba preparar algunas cosas.
Daniel, por su parte, se acercó a Fernando y William, quienes seguían atentos a la parrilla.
—¿Ya está casi? —preguntó, mirando la carne con interés.
—Casi, casi —respondió Fernando, tomando un trozo de carne y dándole la vuelta con cuidado. —Nos hemos estado tomando el tiempo para disfrutar del momento, pero ya está por terminar.
Mientras tanto, Isabella se unió a Valentina para ayudarla con las ensaladas, y me di cuenta de que, a pesar de la tensión que a veces sentía, ese momento en familia me resultaba agradable.
Mientras todos nos sentábamos alrededor de la mesa, la conversación fluía con naturalidad. El sol ya se estaba poniendo, tiñendo el cielo de colores cálidos, mientras el aroma de la carne se mezclaba con el aire fresco de la tarde. Valentina, Patricia y yo nos encargamos de servir la comida, mientras los chicos ya estaban sentados, sirviéndose.
Estábamos todos riendo cuando Isabella, con una mirada curiosa, miró mi mano y señaló el anillo de bodas que llevaba en el dedo.
—¡Finalmente! —exclamó con una sonrisa—. ¡Puedo ver el anillo! El día de la playa no lo llevaste, Sofía. ¡Es realmente hermoso!
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Propuesta Laboral ©
RomansaTras graduarme en secretariado ejecutivo, decidí dar un giro a mi vida y mudarme de Madrid a Medellín, Colombia, en busca de nuevas oportunidades. Sin embargo, la realidad me golpeó cuando descubrí que encontrar trabajo no era tan sencillo como me h...
