Inspiraciones entre tu sonrisa

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Sigo recordando esa mesa junto a la ventana, que daba a la ciudad de Londres, donde apreciabas el único momento en el que el Sol y la Luna se enamoraban y la estrellas daban un último adiós al Sol, para caer en una noche triste, esperando volver a verlo. Y tu entraste en ese momento, por esas escaleras que subían en espiral. Y tu cuerpo. Tan perfecto. Que hasta la mujer más fiel, pondría los cuernos a su marido al verte en esa camisa blanca. Y esos ojos, que daban más luz que la ciudad entera. Y tu sonrisa, que alegraba el día a la persona más triste del mundo. Y yo, escondida detrás de mi libro favorito, te observaba, mientras te apoyabas sobre la barra para pedir una de tus Gin tonics. Te diste la vuelta, y me pillaste. Te reíste, y joder, que risa tenías. Entonces te acercaste. Te aceraste. Y pasaste de liso. Te marchaste, y desde entonces sigo en esta mesa junto a la ventana, esperando a que entres por esas escaleras que suben en espiral, junto a mis papeles tintado de letras y palabras completas de humo, que hablan sobre ti, sobre como un ángel entró y se apoderó de todas las miradas. Pero pasó el tiempo, y me contaron que conociste a alguien, que cambió tu vida de arriba abajo, dándote las fuerzas para volar junto a tu chica de vestidos rojos, la que atrapó tu corazón y por la que te lanzaste de un décimo piso.

Joder. Puede llegar a ser demasiado irreal como el amor lo derrumba todo. Y me derrumbaste. Lo hiciste. Pero no importa, porque los cuentos de hadas no son para todos. No para mi.

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