XIII: Pasado -Parte Cinco-

51.8K 3.3K 106
                                        

Observó las facturas, las cuentas, los números, y tenía ganas de llorar. Frustrada apoyó su frente sobre la mesa, preguntándose como diablos haría ahora para costear sus gastos.

—¿Mami?

Levantó su cabeza, y miró a ese pequeño pikachu rubio restregándose un ojito.

Sonrió y lo tomó en brazos, abrazándolo a ella.

—Buen días mi amor —le dijo besando su cabecita—. ¿Por qué te levantaste hijo? Ve a la cama otro ratito, es temprano aún.

—Ven conmigo.

Sonrió y se puso de pie.

—De acuerdo, pero sólo un rato ¿de acuerdo? Mami luego debe ir a trabajar.

—No —le dijo aferrándose a ella—. No quiero quedarme con Dalma, ella... No me gusta.

—Mi amor, debo trabajar —le dijo afligida—. Sé que no te gusta, pero mami debe hacerlo.

—Pero yo quiero que te quedes conmigo —sollozó—. Por favor mami, quédate conmigo.

-o-o-o-o-

¿Sugar daddy? Leyó mientras acariciaba el cabello de su hijo, quien se había quedado dormido sobre su pecho.

Continuó leyendo lo que decía aquella agencia, el modo de registrarse, de operar, y cual era el papel del sugar daddy y del sugar baby.

Suspiró, y negó con la cabeza. Era una locura, quizás si podría obtener algunos beneficios, ¿Pero trabajar de prostituta? Porque no importaba que la agencia intentará "endulzar" el trabajo utilizando la palabra compañía, sabía muy bien que los tipos, o mujeres que utilizaban sus servicios, sólo buscaban sexo.

La cifra de sus deudas seguían subiendo, y ella ya no quería seguir pidiendo dinero.

Cerró los ojos, y besó la frente de su hijo.

—Todo lo hago por ti, amor —susurró con pesar.

-o-o-o-o-

—¿Algo más?

—No, muchas gracias.

—Que tenga buen día —sonrió mientras le daba el vuelto a la señora, antes de que se marchara.

Se había podido recibir de farmacéutica, dos años después. Y aunque ya tenía su título, el mejor trabajo de medio tiempo que había conseguido, era en una pequeña farmacia de la ciudad.

Había logrado cumplir su meta de irse del pueblo donde vivía, pero los gastos eran altos. Pagar el alquiler del pequeño departamento donde vivían, la niñera de Tito, el transporte, las expensas, los víveres... A penas si llegaba al mes, y a veces, hasta haciendo horas extras, llevando al niño consigo.

Su vida se había vuelto un completo sacrificio, y ya no quería eso. Su hijo estaba creciendo, y ella no podía disfrutarlo.

Su celular sonó, y aunque sabía que no podía usarlo, se fue un momento, observando que era una notificación.

Abrió sus ojos sorprendida, esperanzada. Alguien se había interesado en su perfil, alguien quería contactarse con ella, y aunque no sabía el nombre verdadero de la persona, aquella era una gran oportunidad para cambiar su suerte.

—Vincent —leyó bajo, y la emoción, se disipó momentáneamente.

Aquel nombre no le traía para nada gratos recuerdos, pero tampoco podía detestar a todos los hombres que se llamaran igual.

Guardó el celular en su camisa, y salió del baño. Cuando regresa a su casa, se contactaría con él.

...

¿Sugar Daddy?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora