XXXV: Caprichos

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—Mm —Dijo pensativo, marcando con un resaltador la revista que estaba leyendo.

—¿Qué? ¿Leyendo tú? —pronunció divertido Leo al ver a su hermano.

—Es una revista para padre primerizos.

—Pero Ivanna no es madre primeriza.

—Lo sé, pero yo no sé nada de estas cosas, y quiero ayudarla. Más ahora que serán dos.

—¿Cómo van hacer? Dudo mucho que Iva te quiera en la casa.

—Ella tiene que entender, que sólo quiero estar cerca de mis hijos, y no me puede negar ese derecho. Además, no podrá sola con dos niños.

—Sé que será difícil, pero no creo que ella te quiera cerca.

-o-o-o-o-

—Hijo, junta tus cosas.

—Luego mami —le dijo el pequeño rubio, mirando dibujos animados.

—No Tito, júntalos ahora.

—No quiero —le dijo haciendo un mohín, cruzándose de brazos.

—Thomas, haz caso. Junta esos juguetes, o no verás más tele.

—¡Pero no quiero! —le gritó sollozando.

Ella suspiró y entró a la habitación, antes de que su hijo pasara corriendo por su lado hacia la sala.

Desde que le habían dicho que tendría dos hermanitos, en vez de uno, el pequeño de cuatro años se había puesto muy caprichoso.

E Ivanna sabía que era porque estaba celoso, después de todo, Tito quería una hermanita.

Su panza había crecido bastante, y tareas simples como agacharse, ya comenzaban a costarle.

Juntó todos los juguetes que estaban desparramados por el suelo de la habitación, y luego hizo la cama del niño, antes de llevarse la ropa sucia a lavar.

Fue entonces que vio que Tito abría la puerta.

—¿Qué haces? ¿A dónde vas?

No dijo nada, salió corriendo afuera, y ella como pudo, lo siguió lo más rapido que pudo.

—¡Thomas! —le gritó realmente enfadada—. ¿Qué te dije de salir sólo de la casa?

—Solo vino a saludarme al ver que había llegado —pronunció confundido Vicent.

—No me importa, él sabe bien que no puede salir sólo. Estás castigado, ve a tu habitación.

El pequeño rubio se abrazó con fuerza al cuello de su padre, y Vicent le correspondió.

—Ivanna, creo que-

—Tú no te metas —siseó—. Bájalo y que vaya a su habitación.

La miró con el ceño fruncido, y entró a la casa con Tito en brazos, llevándolo a su habitación.

—Mami ya no me quiere.

—Claro que te quiere, te ama. Pero tú debes hacerle caso. Ella tiene a los dos bebés en la panza, y tú debes ayudarla portándote bien —le explicó, depositándolo en la cama.

—No, yo quería una niña.

—Lo sé hijo —sonrió acariciándole el cabello—. Pero son niños, y serán tus compañeros de juego.

—No —se quejó—. Yo no los quiero.

—Está bien —Sonrió rendido—. Pero, creo que le debes una disculpa a tu mamá. ¿No lo crees?

Asintió con la cabeza, y Vicent le dio la mano, para que la tomara.

Ambos volvieron hacia la sala, donde estaba Ivanna acomodando los almohadones de los sillones.

—Mami.

—Te dije que estabas castigado, ve a tu habitación.

—Lo siento —murmuró bajito.

Suspiró, y se giró, acercándose a su hijo.

—Está bien amor, te amo.

—Te amo —Le dijo abrazándola—. Me portaré bien.

...

¿Sugar Daddy?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora