—¿Cómo están las cosas con Vicent ahora? —le preguntó Fiana antes de tomar de su licuado.
Suspiró y se encogió de hombros.
—No lo sé, todo estaba bien hasta que trajo a la zorra esa a trabajar a casa. Pero es obvio que está detrás de él.
—¿Y eso te molesta? —preguntó con una sonrisa traviesa.
—No, pero me preocupa que lo aleje de mis hijos. Lo que haga Vicent, no me interesa en lo más mínimo, sólo quiero ver a mis hijos bien.
—Después de tantas cosas que pasaron juntos, ¿en serio no te pasa nada?
—Nop
Mintió. Mintió y lo sabía, pero no lo aceptaría. Porque no era correcto, no estaba bien.
Vicent le había hecho mucho daño, y la segunda vez que le permitió entrar en su vida, no había sido la excepción.
No le daría una nueva oportunidad.
-o-o-o-o-
Estaba en la sala tomando un café, acostado en el sofá, mientras miraba sus redes sociales.
Los trillizos se habían dormido hacía media hora, y Tito a penas unos minutos después, ya que estaba ayudando a su padre como el buen hermano mayor que era.
Escuchó que abrían la puerta, y se sentó, observando que era Ivanna.
—¿Y? ¿Qué tal la noche?
—Hermosa —sonrió cansada, quitándose los zapatos—. Aunque ahora me duelen los pies.
Sonrió y golpeó el otro lado del sofá que estaba desocupado.
—Ven.
Ella lo miró curiosa, pero lo hizo, sentándose a su lado.
—¿Qué pasa?
—Recuéstate.
—Oh, no hace falta. Tomaré un baño, y luego me iré a dormir. Eso va a funcionar.
—Me han dicho que hago buenos masajes.
—¿Sí? ¿Cuántas?
—Tú, sólo a ti te he hecho masajes —sonrió divertido—. Y una o dos veces a Leo, luego del entrenamiento. A veces le daban calambres en las piernas luego.
—Son los peores.
—¿Entonces? ¿Aceptas?
—De acuerdo, solo unos minutos mientras me cuentas como se portaron los niños.
La castaña se recostó sobre el sofá, y apoyó sus piernas y pies sobre los muslos de Vicent.
—Los salvajes se portaron bien, casi ni lloraron. El oso pizzero me ayudó también, es un gran hermano mayor.
—Es un amor de niño —sonrió enternecida—. Ya quiero ir y llenarlo de besos.
—Estará feliz de ser despertado así —sonrió mientras comenzaba a pasajear suavemente sus pies.
Cerró los ojos, y se relajó en el sofá, gracias a sus suaves masajes.
—Sí, eres el mejor haciendo masajes —murmuró bajo.
La observó en silencio, cada gesto, cada sonrisa, cada suave sonido que se escapaba de sus labios, o como su cuerpo se tensaba suavemente ante sus caricias.
Y la culpa dolía, porque ella jamás volvería a ser suya, porque lo había arruinado.
Y sobre todo, ella merecía otro tipo de hombre a su lado. Sólo tenía veintisiete años, en cambio él... Ya pasaba los cuarenta.
Subió lentamente sus manos por las piernas de ella, continuando acariciando. Y la castaña no se lo impidió, sólo las separó levemente, para darle más acceso.
La observó, ella aún seguía con los ojos cerrados, y los labios semi abiertos.
Y se permitió subir más, hasta sus muslos, acariciando suavemente entre ellos.
Y aunque deseaba continuar, sabía que luego ella se arrepentiría. Deslizó su mano aun lado, y le dio una suave palmada al costado de su trasero.
—Creo que es mejor que vayas a la cama, te estás durmiendo.
—S-Sí, tienes razón. Gracias, y... Buenas noches —le dijo rápidamente, saliendo del sofá.
Entró a su habitación, y cerró los ojos, maldiciéndose internamente.
Especialmente, porque quería que continuara, porque... quería llegar a más.
Y la humedad de su entrepierna, era una prueba innegable.
...
Últimos cinco capítulos...
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¿Sugar Daddy?
Novela Juvenil¿Hasta dónde llegarías por conseguir lo que quieres? ¿Qué estarías dispuesta a hacer para tenerlo? Inicio de publicación: 09/06/2018 Hermosísima portada hecha por @Eunbxic ¡La amé! 😍❤️💖💞 ¡Puesto #1 en historia corta! 14/03/19 😍❤️💕 ¡Puesto #1 en...
