La observó, ella lucía preocupada, y miraba a cada rato su celular.
—Ey, los niños están bien, no te preocupes.
—Me siento mal por haberlos dejado —pronunció mirando hacia la puerta—. Una mala madre.
—¿Por qué?
—Por no haberlos traído Vicent. Los extraño.
—Iva —suspiró—. Está bien, podemos volver a casa si quieres —le dijo con una suave sonrisa.
Lo miró, y se sintió pésima. Se suponía que iban a salir a cenar para disfrutar un momento a solas, especialmente por él, que tanto esfuerzo estaba haciendo por su familia, y ella.
—No, está bien, creo que podemos cenar, y luego volver a casa.
—¿Segura? Podemos comprar comida, y cenar con los niños, y Leo y Fiana.
—No, esto nos hará bien.
-o-o-o-o-
Rio, mientras ambos caminaban hacia su casa, recordando las travesuras de sus pequeños, especialmente de Tito.
Iban comiendo helado, disfrutando de la compañía del otro, algo que Ivanna jamás creyó hacer junto a Vicent.
—¿Tienes frío?
—Un poco —sonrió incómoda.
Él se detuvo, y se quitó su chaqueta, colocándose a ella. La castaña levantó la cabeza, mirándolo, y Vicent le sonrió cálidamente, corriendo un poco su cabello para quitarlo de debajo de la chaqueta.
—¿Mejor?
—Sí, gracias. Aunque ahora tendrás frío tú.
—Estamos a unas cuadras, no te preocupes.
—Vicent... Ahora que sabes que estás curado, ¿qué harás?
—¿A qué te refieres? —le preguntó curioso.
—¿Volverás a intentar volver a tu antigua vida?
—Creí que eso ya había quedado claro. Y no, mi vida ha cambiado, no volveré a esa vida de excesos. Todo lo que quiero, es a mis hijos. La vida me ha dado otra oportunidad, el tumor desapareció —sonrió—. Lo que me reste, quiero pasarlo junto a los niños.
—Es bueno escucharlo.
Llegaron hasta su casa, y al abrir la puerta, se sorprendieron de encontrar a Leo y Fiana dormidos, juntos en el sofá.
—¿Qué hora es? —Preguntó curiosa Ivanna.
—Las once.
—Y ellos que creían que sería fácil cuidar trillizos —sonrió divertida la joven madre.
—Arriba vago —le dijo Vicent a Leo, golpeándole el hombro.
El rubio menor bostezó y se puso de pie, estirándose.
—¿Es muy tarde?
—No, las once.
—¿Cómo se portaron los niños? —le preguntó Ivanna a Fiana.
—Bien, un poco incómodos estuvieron los bebés luego de tomar la leche, y que les dieran cólicos, pero después, pudieron dormir.
—¿Y Tito?
—¿El oso devorador de pizza? —preguntó divertido Leo.
—¿Comió mucho? —preguntó preocupado Vicent.
—Tres porciones —respondió Fiana—. Le dije a Leo que era mucho para un niño pequeño, pero él insistió.
—Pero es que estaba deseando, no podía decirle que no.
Ivanna sonrió y negó con la cabeza.
—Está bien, gracias a ambos por cuidar a los niños.
—¿Quieres que te lleve hasta tu casa? —le preguntó Vicent a la amiga de Ivanna.
—Oh no, gracias, llamaré un taxi.
—Nada de eso —le dijo Leo tomando las llaves de su auto—. Vamos, te llevo yo.
—Pero tú vives del otro lado de la ciudad.
—¿Y? No tengo nada más que hacer —sonrió—. Vamos.
Ivanna observó traviesa a Fiana, y ella sólo negó con la cabeza, sonriendo.
Por supuesto que no pasaría nada.
...
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¿Sugar Daddy?
Novela Juvenil¿Hasta dónde llegarías por conseguir lo que quieres? ¿Qué estarías dispuesta a hacer para tenerlo? Inicio de publicación: 09/06/2018 Hermosísima portada hecha por @Eunbxic ¡La amé! 😍❤️💖💞 ¡Puesto #1 en historia corta! 14/03/19 😍❤️💕 ¡Puesto #1 en...
