XVII: Incrédula

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Editado: 18 de agosto 2018.


El silencio no perduró, la risa le salió energética, desde el fondo; acompañada de las típicas lagrimas que acompañan una buena carcajada. Entre mis cejas la piel se quedaría arrugada para siempre, era común arrugar casi todo con ella. Nada era constante en su presencia, solo el sarcasmo y el veneno.

—Entonces, ¿me obligas a seguirte en silencio hasta acá porque te interesan mis accesorios? ¿Es enserio? —preguntó limpiando las lágrimas de risa con el dorso de su mano mientras sonreía—. No tenía idea que eras un afeminado.

Y vaya que en cierto punto era una molestia con linda sonrisa.

¡No!

—No, es que ese lazo me recuerda a alguien...


— ¿A quién? —preguntó interesada, ladeando la cabeza con interés.

—No es asunto tuyo.

—Claro, es asunto mío. Me traes acá para preguntarme de un simple lazo, ¿qué tan lógico te parece? —suspiro.

Podría querer hacerse ver la chica a quien le roban el tiempo. Solo que ese brillo que antes no había visto en sus ojos me hizo retroceder. Un atisbo de una sonrisa... una siniestra, se asomó por su rostro apoderándose de toda su aura... parecía otra persona.

— ¿Sabes? Suelo hacer muchas preguntas con respuestas ya adquiridas por investigaciones propias... —mordió su labio con impaciencia—. Pero es más gratificante escucharlas de la boca del sujeto en cuestión. Esas palabras que sabes que tan pronto salen de tu boca reconoces que no podrás devolverlas. Las que aceleran el pulso y te ponen nervioso —tragué escuchándola hablar emocionada. Me di cuenta de que no conocía a esta chica, no sabía con lo que estaba tratando y era mejor retroceder— ¡Sí, justo así! —aplaudió como si lo que estaba haciendo ya lo había calculado.

Cada vez era más impredecible, así mismo como cambia de "risueña arcoíris" a "siniestra calculadora", volvió a ser risueña. Claro que aún soltaba comentarios chocantes.

—Por hoy, no tocare el tema del hermano que devoraste para que me hables del tema principal.

Hikaru:

¡Eres imposible!

Mantener una conversación simple con Zero es un desafío personal. Es inevitable molestarlo; ponerlo a la defensiva u ofensiva; ganarme esas miradas de repudio que hacen arder la curiosidad por el simple hecho de que me acerco a la verdad. De igual manera, este tipo de comportamiento solo hacía que las probabilidades de mantener una relación colega/colega, estudiante/estudiante o humana/bestia con este "espécimen" son de cero con Zero.

Soy una comediante.

—¿Disculpa? —preguntó bastante cortés.

Alerta masiva. Nunca, en lo que llevaba aquí —lo cual era poco—, Zero se dirigió hacia mí con amabilidad o algún sinónimo que se le asemejara. Este tipo de respuesta solo me decía una cosa: Callar y retroceder.

— ¡No, nada! —trague mirando mis zapatos y alzando ambas manos. Suspiré, alcé la cabeza y con una sonrisilla, de esas como quien no quiere la cosa le pregunté— ¿Qué necesitas Zero-kun?

Sus orbes lilas se clavaron en mi rostro, escudriñando tratando de encontrar algo. Molesto por llamarlo por su nombre otra vez.

—Quería dejarte el turno completo de mañana, pero ese rasguño en tu mejilla derecha me dice que tienes que empezar a cantar ahora si me necesitas por más que no quiera verte.

Lo prometo {Vampire Knight}Donde viven las historias. Descúbrelo ahora