No sé que decir

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Estoy en tensión hasta que escucho la voz dulce de Jordi respondiendo.

- Quiero que seáis mis papis.

- No sabes lo feliz que me haces enano –dijo Marc levantándose y dándole vueltas.

- Marc que os vais a marear –lo avisé.

Mi prometido bajó al pequeño y se acercaron para besarme. Jordi se veía muy contento. Como si quisiera esto desde hace tiempo. Ahora solo falta hablar con la familia biológica a ver que nos decían.

- Ve a la cama a descansar amor. Ahora subo contigo.

- Está bien Marc. Pero avisa a Alex para que me ayude a subir las escaleras.

- ¡ALEJANDRO!

- ¡Qué me llamo Alex!

- Es igual. Ayuda a Isel a llegar a la habitación.

- Y le quito la ropita, la acaricio...

- Al final, acabamos en el hospital otra vez –murmuró Marc.

Alex me ayudó a levantarme y, antes de poder dar un paso más, Jordi se acercó y me hizo llorar.

- Mami, un besito para el primo.

- Vamos a la cama y te echas un poco con mami y el primo –le digo Alex dándose cuenta de que no me podía agachar.

Marc fue a la cocina, supongo que para preparar algo de comer o simplemente algo para beber. Jordi fue tras él mientras Alex y yo subimos a la habitación entre besos en el cuello y pequeños jadeos ahogados.

- ¿Quieres que me tumbe contigo?

- Sí solo es tumbarte, vale.

- Sabes que no solo va a ser eso.

- Pues hasta luego Alex. Va a subir ahora Marc con Jordi. No creo que quieras que tu sobrino te pille en bolas.

- No me pillaría en bolas. Estaríamos bien tapaditos, tú cabalgándome...

- Para ya Alejandro.

- Dejad de llamarme Alejandro.

Sin más se fue. Le saca de sus casillas que le llamen Alejandro. Es bueno saberlo para el embarazo. No quiero tenerlo pegado a mí todo el tiempo.

- Ya estamos aquí mi vida.

- ¡Mami!

- Venid aquí mis amores.

Mis dos chicos se tumbaron a mi lado, Jordi sobre el torso de Marc y yo apoyada en su hombro.

- Ahora mismo me siento en el paraíso. Mi pequeño y mi preciosa prometida.

- Necesito dormir amor.

- Duerme Isel. Yo no me moveré de aquí.

Cerré los ojos disfrutando del dulce momento que estamos viviendo. Todavía no era seguro que Jordi se quedase con nosotros, pero deseaba que fuera así. Mi pequeño...

No sé la que hora es cuando me despiertan los gemidos del matrimonio. Bells gritaba como una loca. No me podía quitar de la cabeza sus "no pares Alex", "más rápido", "un poco más"... Me estaba volviendo loca.

- Ya estás despierta. ¿Cómo has dormido princesa?

- Muy bien amor. Con vosotros no se puede estar mal –le di un beso a nuestro pequeño.

- No veo la hora de que estemos en nuestra casa los tres solos.

- Primero tiene que nacer este enano.

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