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Robert se dejó caer en su cama después de haber terminado de preparar la mochila que llevaría a la playa. Su cuerpo estaba cansado, en serio necesitaba descansar, sin embargo, allí estaba a las doce y treinta de la madrugada del sábado leyendo las cartas que el anónimo le había estado dejando en su casillero desde hacía algunos meses.

No podía creer como el tiempo pasaba tan rápido. Llevaba dos meses cambiando poco a poco su personalidad solo para encajar con las amistades de Eric y que este pudiera sentirse atraído hacia él. En un principio, parecía seguro de llevar acabo ese plan, pero en las noches, cuando se encontraba en su cama y se disponía a leer aquellas cartas, comenzaba a creer que cometía un grave error.

De igual forma, empezaba a sentirse un poco extraño.

Todas las mañana marchaba con entusiasmo a la universidad solo porque esperaba encontrar una carta del anónimo. Algo dentro de él se llenaba de dicha al leerlas, lo hacían sentir real. Lo hacían sentir él mismo. Sin embargo, comenzaba a preocuparse, sabía que no era normal sentirse de esa forma por un desconocido. Mucho menos si sus sentimientos ya tenían dueño y ese solo podía ser Eric Morris.

Aun así la curiosidad lo atacaba todas las noches haciéndose cuestionarse, ¿qué tan loco estaría sentirse atraído por alguien?

···

¡Capitulo nuevo!

Espero les guste. Recuerden hacerme saber sus opiniones mediante votos y/o comentarios. 

Linda noche.

Querido RobertDonde viven las historias. Descúbrelo ahora