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        Washington D.C – lunes; noviembre 2017.

La puerta se abrió y su rostro giró a la derecha con fuerza. El castaño suspiró y llevó la mirada hacia su mejor amiga. No tenía nada que decir, se merecía aquella cachetada, después de todo había roto su promesa, algo que se estaba volviendo una mala costumbre en él.

―Dime, ¿valió la pena? ―nuevamente esa pregunta lo golpeaba en la cara. Y nuevamente no sabía cómo responderla. ¿Había valido la pena? ¿Realmente había valido la pena perder a sus dos mejores amigos por alguien con quien solo tiene sexo? Quizás sí, quizás no. La verdad es que él era tan orgulloso que no respondería a ello. ―Como lo imaginé, no sabes que decirme.

―Camila...

―No, cállate. Cállate, Robert. ¿Sabes? Soy una estúpida, yo no debería estar aquí reclamándote, no tendría que hacerlo. ―el castaño frunció el ceño ante aquellas palabras. No entendía a que venían en ese momento. ―Gracias a mi apoyo eres esto. Debí haberme negado rotundamente cuando me dijiste que pensabas cambiar para gustarle a alguien. ¿Por qué me dejé llevar?

―No eres estúpida, Camila

―Claro que lo soy. No lo merecemos. ―Robert frunció el ceño y mordió su labio inferior al ver como su amiga comenzaba a dejar que algunas lágrimas corrieran por sus mejillas.

―¿A qué te refieres? ―ella lo miró y suspiró limpiando sus lágrimas.

―Archie. No lo merecemos. Él es tan puro, tan inocente. Él es real, es sincero, es la mejor persona que puede existir y tú y yo... somos un asco de persona. Nos dejamos llevar por esta sociedad. Pensamos que las apariencias lo son todo. Que el estatus social es lo indispensable para sobrevivir en este mundo y dejamos de lado lo que es más importante. Los sentimientos, las emociones. Archie no debería ser nuestro amigo.

Robert solo alzó sus hombros demostrando indiferencia. Él sabía que su amiga tenía la razón. No podía llevarle la contraria, pero tampoco podía darle la razón. A decir verdad, su orgullo no permitía que lo hiciera.

―Si eso es todo, deberías marcharte. ―ella lo miró y rio negando suavemente.

―¿Recuerdas cuando te dije que Archie te gustaba? Me equivoqué. Me dejé llevar. Tú no quieres a Archie, solo te quieres a ti mismo y esa es la verdad. Cuando comenzaste a andar con Eric, Archie pasó a un segundo plano, no te importaba lo que pasara o dejara de pasar en su vida y cuando Harry apareció y le dio esa importancia que se merece, decidiste mostrarte celoso y posesivo. Egoísta, eso es lo que eres. ―dijo asintiendo con algo de rapidez. Estaba enojada consigo misma por no darse cuenta tiempo atrás. ―¿Sabes? Me alegra muchísimo que Harry haya llegado a la vida de Archie, porque él a diferencia de nosotros dos, le ha dado mucho más que nosotros en estos años de su vida. Sé feliz, Robert. Espero Eric valga todo lo que has perdido.

Querido RobertDonde viven las historias. Descúbrelo ahora