"Mi niñez, durante los años veinte del siglo pasado, fue buena pese a la crisis política y social que se vivía en España, el país que me vio nacer. Mis padres eran buena gente y, como fui hijo único, centraron en mí todo su afecto. Nuestra situación social y económica era adecuada, y creo que gané bastantes buenos amigos porque se me consideraba de natural generoso y bienintencionado.
Había matones en la escuela, siempre los ha habido, pero gozaba de alguna clase de aptitud (no sobrenatural, lo aclaro) que conmovía a aquellos que me querían hacer daño o que pretendían aprovecharse de mí; no sé si era por alguna expresión de mi cara, por mi tono de voz o por las palabras que les decía, pero los peores terminaron ignorándome y los demás llegaron a ser incluso amables conmigo.
Mi familia siempre fue de izquierdas, intentando ayudar a la gente y apoyando los servicios sociales mínimos para que todo el mundo tuviera una oportunidad de vivir dignamente. No éramos católicos devotos, pero la costumbre social nos arrastró en su inercia y fui bautizado, hice la comunión y acudí a misa los domingos durante mucho tiempo. Yo ni siquiera pensaba en ello; lo hacía todo el mundo y yo les imitaba por ser uno más. Mis padres se sentían mejor si no protestaba, y yo no quería ser una molestia.
Sin embargo, la guerra irrumpió en nuestras vidas con el levantamiento del general Franco (ese odioso enano lleno de traumas que quería sentirse superior a los demás), y su bando llegó primero hasta mi pueblo, obligando a la gente a unirse a su causa o ser tratados como traidores.
Tenía dieciséis años cuando comenzó todo, y me alistaron contra mi voluntad en el ejército sin ninguna formación, advertencia o consejo. Dejé mi vida atrás; tanto mis estudios de derecho planeados para seguir los pasos de mi padre, como la simpática y bien posicionada novia con que mis progenitores pretendían desposarme en un futuro cercano. A Toñi (Antonia Jimeno) apenas la vi dos o tres veces, siempre con la carabina de sus hermanos cerca. Parecía simpática, aunque yo no me sentía atraído por ella, como puedes suponer.
Todo eso dejó de importar cuando me vi con un fusil en las manos, corriendo en el frente del ejército junto a mis amigos. Tocaba morir por la patria.
Pero yo no morí. Vi caer a mucha gente, pero cuando comenzaba cualquier batalla yo siempre hacía por retrasarme, ocultarme e incluso perderme si era necesario. No era cobardía, era una instintiva animadversión por matar. No podía ni imaginar cómo continuar con mi vida si llegaba a matar a otro ser humano.
Pero antes de un mes comenzaron a sospechar lo que hacía y vigilaron que no volviera a escaquear el bulto. Así, antes de poder evitarlo, me encontré frente a frente con el enemigo; un muchacho con un par de años más que yo, un uniforme distinto y una expresión en el rostro tan asustada como la mía. Aquellos ojos azules enmarcados por graciosas pecas me atraparon como en un hechizo. Ninguno hizo mención de disparar, nos quedamos mirándonos y, poco a poco nos fuimos sonriendo. Me pareció un ángel hermoso perdido entre aquella masacre, un niño perdido que sólo quería una pacífica vida. Le quedaba tanto por vivir... me quedaba tanto por sentir...
Era pelirrojo; el primero que veía en mi vida.
Nuestros fusiles empezaron a bajar a la par; él tomó aliento y empezó a decirme algo. ¿Había sentido lo mismo que yo?
Nunca lo supe, pues escuchamos el cercano gritó de alguien "¡Enemigo! ¡Disparad!", y unas detonaciones resonaron en el suelo a nuestro lado. Sin importar si el que disparaba era uno "de los suyos" o "de los míos", ese milagroso momento de camaradería se rompió para siempre.
Quizá fue debido al brinco causado por el miedo, pero uno de los dos (no puedo recordar cuál lo hizo primero) elevó unos centímetros su fusil y el otro lo imitó al instante; ya no hubo vuelta atrás. El instinto de supervivencia tomó el control y... apretamos el gatillo.
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Pridetwink
FantasyHace quince años, Dios descendió a la Tierra en la forma de un muchacho capaz de los más variados prodigios, aunque Él nunca aceptó dicho título. Gracias a los milagros que realizó, las desgracias del mundo fueron menguando hasta casi desaparecer; d...
