Capítulo 24 - No hay destino

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—Hecho —aseguró tras darme un gracioso toque con el índice en la frente. —Ya vuelves a ser un humano normal.

—Pero ¿por qué me diste ese...? —No pude continuar hablando. Incontenibles, las lágrimas escaparon de mis ojos y tuve que esconder mi rostro en su cuello para ser consolado por su abrazo y sus besos en la cabeza.

—Todo va bien. Tranquilízate, bisoño.

—¡No! —grité furioso—, no va todo bien. ¿¡Cómo se te ocurre!? —reñí a Dios, y no pude evitar darle de puñetes en el pecho sin verdadera fuerza. Necesitaba que entendiera cuánto se había equivocado al hacerlo y que no podía repetir algo así. —¿Y si hubiera matado gente? ¿Y si hubiera creado un clon tuyo maligno que nos hubiera reventado la cara a los dos? ¿Y si hubiera... destruido todo? —Al decir eso último lo entendí. Por fin lo entendí todo. ¿Esta sensación de inseguridad y terror por sí mismo es lo que sentía Ismael todo el tiempo? ¿Cómo podía vivir este hombre sabiendo que, si sufría un pequeño bajón de ánimo, podía destruir el universo?

—Tú confías en mí pese a tener este poder ilimitado, Néstor. Tan sólo he querido mostrarte que también puedo confiar en ti. Además, yo estaba aquí todo el rato, a tu lado —me recordó—; no hubiera dejado que nada te hiciera daño y hubiera reparado cualquier cosa que accidentalmente tú... —no le dejé continuar. Le besé, pero no un simple beso apasionado sexual o lleno de cariño, sino uno de los de verdad, de mi corazón al suyo. En algún momento, desaparecieron nuestros trajes y pudimos acariciarnos sin barreras.

Al separarnos, necesité unos minutos más para recuperarme de lo que recién había acontecido.

—Lo de tener ese poder... no me ha gustado. No lo vuelvas a hacer, por favor —le pedí.

—Tranquilo, y lo siento. —Me empezó a dar besitos en el cuello, en el pecho, y continuaba bajando. —Lo siento, lo siento, lo siento —iba intercalando entre los ósculos, provocándome cosquillas. Cuando llegó abajo y empezó a besar allí donde no me hacía cosquillas, me preguntó —¿De verdad que no te gustó tener "El Poder"?

Iba a responder, pero engulló mi fresón rosado con gran maestría y mis pensamientos empezaron a cortocircuitarse placenteramente.

—¡No! Sí... Yo... ¡Joder sí! Me encantó volar, me sentí más libre que en toda mi vida... ¡Aaaah! Hasta que supe que tenía todo el poder, y entonces me he asust... ¡puf! ¡A la mierda! ¡Sigue! ¡No se te ocurra parar!

Y siguió, no paró, y le recompensé con mi más íntima esencia tras un buen rato de disfrute mutuo culminado en jadeos, sonrisas y un satisfecho cansancio.

—Gracias —atiné a decir cuando pude apartarme unos minutos más tarde.

—Tranquilo, biñoso; yo también he disfrutado por verte gozar.

—Gracias, por... todo lo que haces. Ahora entiendo el terrible esfuerzo continuo por no hundirte ante el enorme peso que llevas sobre los hombros. Eso que haces, el modo en que tratas de sobrellevarlo es lo más bonito que nadie con tu poder podía haberle regalado a la humanidad. Gracias por ser tú, y por estar compartiendo conmigo tu experiencia.

Durante la siguiente semana en que pasé a su lado sin decidirme a retornar a mi vida para nada, nos disfrutamos el uno al otro sin medida. Exploramos mutuamente nuestros cuerpos, conquistamos territorios inexplorados, indagamos sobre las opiniones del otro en multitud de temas y, sobre todo, mantuvimos en casi todo momento un contacto físico continuo. Era superior a nuestras fuerzas no tocarnos por todas partes en cuanto podíamos.

No tenía muy claro qué es lo que éramos, qué clase de relación es la que teníamos o siquiera los compromisos que habíamos adquirido, pero no me importaba no poder etiquetarnos aún; yo estaba donde debía estar, haciendo justo lo que quería hacer.

PridetwinkHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora