Capítulo 19 - El Creador de Mundos

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—Entonces, ¿sí existe el infierno?

—Ya te dije que no quiero saberlo. —Se encogió de hombros a mi lado.

—Pero, esos demonios que has invocado con el portal...

—Creé unos adversarios vistosos para poder mostrarte algunos poderes en modo "épico", porque así quedaba mejor; pero igual podían haber sido ositos amorosos de color rosa lanzando flechas con punta en forma de corazón. —Chasqueó la lengua con desagrado.

—Vale. Pero entonces, ¿han salido de la nada?

—Podía haber sido justo eso; una invocación teatral de algo que creaba en el momento... pero en este caso, sí que existe un plano alternativo repleto de esos monstruos, pues yo lo creé hace mucho.

—¿Has creado... vida? —Decir que me había quedado asombrado era poco. —Espera. ¿Has creado vida demoníaca? ¡¿Para qué?!

Ismael resopló como si fuera algo difícil de explicar.

—Están vivos orgánicamente, pero su mente... Deseé expresamente que no tuvieran más voluntad que el programa de órdenes e instintos que decidí que tuvieran. Sólo quieren destruir.

—Pero ¿Por qué? —insistí.

—Para desahogarme. A veces me siento un poco intenso de más, con emociones y angustias acumuladas, y... destrozar cosas es peligroso aquí. Creé esa realidad infinita llena de esos seres para acudir allí en esos momentos en que necesito destruir, romper y explotar. —Ahora lo entendía.

—Y ellos, ¿no sufren?

—¿Sufren los enemigos que matas cuando juegas a un videojuego? —Se encogió de hombros. —Estas cosas no son humanas y no tienen sentimientos ni libre albedrío. Viven para exterminar, y carecen de programación para nada más. Pueden tener órganos internos y sangre latiendo en sus venas (o algo similar), pero no son seres sintientes.

—Has creado un mundo... ¡una realidad distinta! Y la has llenado de algo parecido a nueva vida. —Tuve que resoplar para intentar recuperar el aliento. Al mirar hacia el horizonte, me planteé por las otras realidades podrían existir más allá de la nuestra y entonces se me ocurrió: —¡Espera! No me digas que has creado más de esos planos alternativos, con más gente viva.

—Pues... sí.

—¿¡Cómo cuales!? —me sentía tan excitado que me erguí hasta quedar de rodillas a su lado.

—Emmm... unos cuantos. Uno de ellos contiene todo lo que J.R.R. Tolkien imaginó en sus novelas; El Señor de los Anillos, El Hobbit, El Silmarillion... desde sus dioses, los Valar, hasta el Anillo Único de Sauron. Todo lo que sucede en esos libros también sucede allí, y cuando me apetece, voy y me paseo por el bosque élfico de Loth Lorien, o combato contra el dragón rojo Smaug. —Se me crispó el lado izquierdo de la boca y noté que ya me empezaba a asaltar otro histérico ataque de risa nerviosa. —Pero eso es sólo un ejemplo; he creado una tierra repleta de superhéroes, con los de DC, Marvel y otros que me han ido gustando, a donde he acudido para probar a ser superhéroe en un grupo de similares, y ¡es divertido! Allí tengo colegas a quienes ayudo, simulando que mis poderes son limitados; como una especie de "Superman".

—Superman... me encanta. ¿Alguno más?

—Muchos más; varios en donde extraterrestres de distintas razas han llegado hasta la Tierra (unos para cooperar, otros para conquistar) y así he podido ver cómo reaccionarían los humanos en esas situaciones, y el resultado de dicha interacción. Otros en donde la historia varió en uno u otro punto (si Hitler no hubiera nacido, si no hubiera habido religiones...) para ver cómo hubiera sido todo. Hay uno en donde voy para meditar, donde no existe en el mundo nada más que fauna y flora, sin humanidad u otros seres inteligentes. ¡Ah! Y uno que creé en un momento de cachondez extrema hace muchos siglos; está poblado sólo por una incontable cantidad de tíos buenos en una orgía eterna. Aunque hace mucho que no voy, me lo pasé muy bien en ciertos momentos en que sólo quería descargar y fornicar como un animal.

—¿La mayor parte de esos tíos buenos... son pelirrojos? —Se ruborizó como un colegial y yo rompí a reír, esperando que esos celos que había sentido se disipasen rápidamente. —¿Y ya no vas? ¿No quieres volver?

—¿Para qué? Si tengo a mi lado al rey de los pelirrojos.

Vale, los celos se me habían pasado. —¿Y están vivos todos esos que has creado, o son como... los demonios de antes? Seres biológicamente vivos y con instintos, pero mentalmente poco más que un personaje de videojuegos programado.

—Exactamente eso —admitió— al menos los pelirrojos del planeta de las orgías. No les doté de espíritu, alma o mente individualizada como hice con Marcos, sino que eran simples cuerpos, bellos y ardientes, pero sin esencia. Como muñecos sexuales, pero de carne.

—¿Y los demás? Los superhéroes esos, los elfos, los hobbits, los dragones y... bueno, los humanos que vivían o aún viven en esos mundos.

—Sí, a esos sí. Los creé hace mucho tiempo, sin realmente pensar lo que hacía, y luego partí a otras épocas de esos mundos y de este, el real y primigenio, y no los he vuelto a visitar.

—Madre del cordero —se me escapó al entender algo—. Pero entonces, esos mundos no son como un videojuego que puedas apagar e incluso tirar a la basura si te cansas. Esa gente está viva, tiene voluntad, sentimientos y, en caso de que exista, un alma. Están verdaderamente vivos. No... no puedes matarlos, ¿verdad?

—Poder, puedo; pero no quiero. Mi promesa personal de no matar a gente incluye a esos precisamente por haberlos creado vivos y completos. —Compuso un puchero avergonzado. —Ya te he dicho que no lo pensé mucho en aquella época, hace más de quince siglos, cuando me dio por crear realidades y mundos alternativos fantásticos. Hay... billones de seres humanos y otros seres que he creado de la nada, plenamente conscientes y funcionales, que creen que su plano y su mundo son los primigenios y verdaderos. —Le noté afectado de verdad, como pillado en falta.

—¿Y, no podrías acudir al pasado, encontrarte contigo mismo antes de crearlos, y hacerle notar todo esto? Con el asunto de Marcos lo hiciste.

—Marcos fue uno, fue personal, fue un error que tuve que subsanar y que sólo viviría para mí, para ser perfecto complemento mío; tenía alma y mente, pero estaba limitado y programado en ciertos aspectos, lo que lo tornaba artificial a mis ojos. De alguna manera, esto sería diferente. No crear a esta incontable cantidad de gente independiente que ya han desarrollado una historia personal cada uno, una vez ya sé que están ahí, sería casi como destruirlos. No... no puedo hacerlo; me supera.

—Así que, simplemente les permites existir y les dejas a su aire. —Asintió cabizbajo. —En esos planos alternativos... no podrías negar que sí eres Dios; lo has creado todo, les has diseñado y dado forma, has guiado su historia...

—No.... No digas eso, Nestor. Yo les creé, pero seguimos en las mismas: ¿Quién me creó a mí? ¿Quién me dio estos poderes? Ese es el verdadero Dios (si es que existe) y, por tanto, él es el responsable último de la creación de esas realidades.

Aunque una parte de mi mente veía dicha excusa como una forma de escurrir el bulto, otra podía entender lo que decía. Fuera como fuese, al notar su malestar, decidí cambiar de tercio y quise centrarme un poco más en su lado humano, en Ismael Serrano. Carraspeé y él sonrió asintiendo ligeramente, como animándome a preguntar.

—Entonces naciste antes de la guerra civil española, como un humano común, ¿no?

—Así es —confirmó.

—Sin poderes ni nada.

—Ciertamente —admitió.

—Cuéntamelo.

—¿El qué? —Se me quedó mirando con extrañeza.

—¡Todo! Tu niñez, tu adolescencia, tu primer amor... el modo en que obtuviste tus poderes.

—¡Aaaah! Eso es lo que te interesa, pillastre. ¡Cómo obtuve este poder! —exclamó atacándome con certeras cosquillas que me impidieron articular palabras durante un rato.

Al final, calmado el acceso de carcajadas, pude articular: —Me interesa, claro que sí; pero sobre todo quiero conocer tus orígenes. Se dice que uno forma su personalidad según fue criado y según los sucesos de su juventud; quiero saber qué pasó contigo.

La forma en que agarró un gladiolo cercano y comenzó a arrancarle los pétalos ya me indicó que no iba a ser una historia sencilla o agradable, pero me propuse no interrumpirle en ningún momento para que pudiera sacar todo lo que llevaba dentro.    

PridetwinkHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora