—Me... ¿Tú me...? ¿Yo soy...? ¿Fui...?
Su asentimiento de cabeza disipó cualquier duda al respecto.
—Hubiera deseado que no tuvieras que saberlo, pero es lo justo. —Casi como si me fuera a doler su contacto, retiró raudo sus manos de mi cuerpo y se alejó unos centímetros. —Entiendo que ahora mismo soy la última persona que quieres tener cerca. Puedo llevarte a tu casa en un instante y no volverás a verme.
Sólo necesité unos segundos para reponerme del frío que me había inundado por dentro.
—De eso nada —decidí con una pequeña sonrisa, poniendo mi mano en su cuello para acariciarle la nuca. Sorprendido, Él detuvo mi mano.
—Quizá no lo has entendido, Néstor...
—¡Oh! Sí. Me mataste accidentalmente cuando yo era Guillermo, en medio de un cruel escenario de guerra que no nos dejó más remedio que luchar o morir; y mi muerte te convirtió en la persona que eres ahora, porque catapultó tu historia hasta el momento y lugar justo en que adquiriste tu poder. Además, mi muerte moldeo tu personalidad para que llevases un cuidado extremo en el uso de esas infinitas capacidades que posees.
—Sí; pero yo te traje de vuelta —me recordó.
Asentí tranquilamente porque no lo había olvidado; ¿cómo podría?
—Me resucitaste, o reencarnaste o lo que sea. Ahora estoy vivo, tengo una buena vida y estoy a tu lado. ¿Por qué querría dejar de verte, o de ser tu novio?
—Ya lo sabes. Puede que secuestrase tu alma desde el paraíso, negándole una eternidad de felicidad. O puede que ya estuvieras reencarnado y al resucitarte...
—¡Chorradas! —Solté una carcajada. —No recuerdo nada de eso y ahora estoy feliz, así que no le des más vueltas y bésame, tonto.
Me obedeció y lo disfruté como nunca, pero a mitad me separé con los ojos brillantes, exclamando: —¡Por eso no me parezco a mis padres! Ni siquiera hay pelirrojos entre mis abuelos o bisabuelos. ¿Soy... soy verdaderamente su hijo? ¿Un análisis de paternidad sería positivo?
—No lo sé; que yo sepa, esta es la primera vez que alguien se ha reencarnado. Quizá los genes sean iguales que los de Guillermo y no tengan nada que ver con tus padres, porque tu rostro a día de hoy es el mismo que tenía Guillermo aquella noche en que falleció. ¿Quieres que lo arreglemos de alguna manera? Tienes todo mi poder a tu disposición en este asunto.
—¡No! —reí divertido—.¿Qué más da? Nací del vientre de mi madre y del esperma de mi padre, y ellos me educaron. Soy su hijo en todos los sentidos, aunque mi origen estuviera en una vida anterior. ¡Oh! Y por eso me llamabas bisoño... Soldado inexperto. ¡Es lo que era Guillermo! ¡Ja! Al final resulta que tenía sentido. —Ismael me miraba como a un extraterrestre.
—Llevo tanto tiempo temiendo el modo en que te tomarías esto, que no puedo explicarme que no le des importancia.
—La tiene, claro que sí. Pero es algo bueno; tú eres el ser más poderoso de la realidad, pero si tienes esos poderes y si actúas como actúas es gracias a mí. Si el universo está a salvo contigo, es porque yo causé que fueras así. Por tanto, ¿podemos decir que soy el superhéroe más grande de toda la historia?
—Emmm... quizá sí.
—¡Claro que sí! —exclamé ilusionado. Puede que estuviera pecando de inocente o demasiado frívolo, pero era mi manera de enfrentarme a lo que acababa de conocer; era mi manera de defenderme del miedo y las interminables incógnitas que querían conquistar mi ánimo por haber muerto y resucitado... sin siquiera recordarlo. Era la manera correcta de pasar página rápidamente y poder seguir abrazado a este adonis que me llegaba más y más profundo con cada dato que conocía de su historia y su personalidad, con cada roce de su piel contra la mía. No dejaría que nada rompiera lo que estábamos iniciando; ni siquiera conocer que su antiguo "él" mató a mi antiguo "yo".
Las emociones batallaban en su interior tan fuerte que pude sentirlas de forma casi física. Agitado, susurró: —¿Te molestaría que yo te...? ¿Me permites que te diga que te quiero?
—Te lo permito —conseguí vocalizar, sin aliento.
—Te quiero —aseguró con una voz tan firme que me dejó paralizado—, desde que te vi por primera vez en aquella noche lluviosa bajo las bombas y los disparos. Eres la razón por la que sigo aquí, aunque haya perdido la fe en la humanidad, pues esperaba poder contártelo todo un día; y ese día es hoy. Siempre fuiste tú, ¿sabes? Por eso busqué siempre pelirrojos, y por eso nunca funcionó con ninguno; te esperaba a ti.
Los actos sustituyeron las palabras y, tras muchas horas, el sol naciente de un nuevo día nos encontró una vez más abrazados entre las sábanas de Superman, desnudos y encajados como dos piezas de puzle que fueron diseñadas para permanecer así para siempre y convertirse en algo mayor.
Aunque la consciencia ya había retornado, no quise ni moverme de tan a gusto que estaba, y me dediqué a disfrutar del contacto con su cálida piel, tan suave, dura y sobrenatural; humana y a la vez divina.
¿Realmente nacimos para encontrarnos aquel día de guerra? ¿Morí para que él pudiera encontrar esos poderes convertido en la persona que debía ser? ¿Me había devuelto a la vida para poder estar hoy aquí y devolverle un equilibrio que él necesitaba para poder mantener la creación a salvo? Él no creía en el destino, pero creo que yo sí.
—¿Qué piensas, bisoño? —murmuró Ismael unos minutos después, detrás de mi oreja, provocándome escalofríos de placer ante el roce de sus labios.
—Creo que he perdido la cuenta con tanto viajar por el mundo y a otros planos, viviendo momentos que no se correspondían con nuestro huso horario. ¿Cuántos días hace que llegué a verte?
—Once. ¿Necesitas algo? ¿Quieres avisar a alguien o volver a casa?
—Tengo compromisos... pero no hay nada más importante que esto. Total, abandoné mi mejor oportunidad laboral por venir a verte.
—No tendrás que volver a trabajar, si no quieres. —Me apretó aún más entre sus brazos y mordisqueó mi cuello.
—¿Cómo? —Me volví hacia él para mirarle a la cara. —¿Qué significa eso?
—¿No es obvio?
—¿Me vas a llenar la cuenta bancaria de euros?
—Si así lo quieres, sí. Pero ¿para qué quieres dinero, cuando puedes tener cualquier cosa que desees? —Su sonrisa de chulito casi me derritió.
—Pero... ese es tu poder, y ya te dije que no quiero tenerlo.
Me agarró de la mandíbula con sumo cuidado para que fijase mi vista en la suya.
—Por lo que a mí respecta, este poder que tengo es tan tuyo como mío. Si así lo quieres, lo conservaré únicamente en mí, pero puedes pedirme lo que quieras; siempre.
Recordé aquellos momentos en que, alocado y sin saber que dependía de mis propios deseos, pedí volar y volé. Quizá no estaría tan mal aceptar que podía disfrutar de la vida con algunas experiencias "Deluxe" que ningún otro ser humano podría gozar.
—Bueno, podría acostumbrarme a algunas cosillas. Pero tú ya probaste a algo así con otros, en el pasado; a vivir una relación usando tu poder junto a tus ex. ¿No nos pasará lo mismo?
Negó raudo con la cabeza.
—Con unos probé a vivir compartiendo mi poder, y con otros lo oculté y viví como un humano. Nunca funcionó. Pero... ellos no eran tú. Tú lo iniciaste todo. Tú me creaste. Tú cierras mi círculo y me completas. Te he estado esperando durante casi dos milenios. Si tú sientes lo mismo que yo, te aseguro que funcionará. —Su mueca ilusionada me arrancó una sonrisa.
Su mano se había apoyado sobre mi corazón, que empezó a bombear sangre al ritmo de un alocado galopar.
—Siento lo mismo que tú, ya lo sabes —admití soltando el ardiente aire de mis pulmones por temor a que me quemase.
—Entonces, esto es tuyo. —Sacó del mismo aire una cadena dorada con una cruz de extraña forma; la colocó ante mi rostro, balanceándose, y pude leer el nombre de Guillermo detrás.
La cogí sin poder dejar de sonreír.
—Ahora soy Néstor, tu Néstor. —Con un cabeceo de Ismael, las letras mutaron y mi nombre apareció detrás.
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Pridetwink
FantasyHace quince años, Dios descendió a la Tierra en la forma de un muchacho capaz de los más variados prodigios, aunque Él nunca aceptó dicho título. Gracias a los milagros que realizó, las desgracias del mundo fueron menguando hasta casi desaparecer; d...
