Capítulo 26 - El principio y el final de todo

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—Explícamelo de nuevo.

Aún me encontraba excitado por mi descubrimiento, quizá la idea más importante que había tenido desde que me encontré cara a cara con Ismael. —Digo, que es bastante probable que tú mismo te dieras a ti tus propios poderes.

—No te sigo. —El modo en que cruzó sus piernas, sentado en el sofá de aquella habitación de la fortaleza de la Soledad, me insinuó que no le estaba gustando el rumbo de esta conversación.

Me levanté y extendí mis brazos a los lados con las palmas hacia arriba, como si fuera algo obvio. —¡El tiempo Donut! Ya sabes... aunque aún no hayas hecho algo en el pasado, puede que en algún momento viajes atrás y lo hagas, por lo que puede que seas el causante de algo que aún no has hecho.

—Sé lo que es el tiempo Donut; yo inventé esa teoría. —Asintió con los ojos cerrados y el ceño fruncido. —Pero lo otro que dices no tiene sentido.

—¿Cómo que no? Isma, intenta entenderme; tú tienes el poder absoluto, tanto como para borrar todo lo que existe e incluso como para quitarte tu propio poder a ti mismo, ¿verdad? ¡Incluso me regalaste una copia de tu mismo poder absoluto durante un rato! Entonces, ¿por qué no podrías, tiempo donut mediante, viajar al pasado, a aquel día en aquel balcón de la prisión, y mandarte a ti mismo una bolita que te regale exactamente los poderes que tienes ahora? ¡Podrías ser tú mismo el que te concedió esta capacidad omnipotente!

Él resopló con la boca abierta, intentando encontrar palabras para oponerse.

—A ver... Si yo tengo el poder, es porque tomé esa bolita de luz que los contenía. Si no tenía el poder hasta ese momento, ¿cómo voy a haberlos adquirido, para volver al pasado y poder concedérmelos a mí mismo? No podría haberlos adquirido en primer lugar, si no los tenía previamente para concedérmelos.

—¿¡Y a mí que me cuentas!? —exclamé. —No me pidas explicaciones sobre lo que no entiendo. No sé cómo funciona el tiempo donut ese; no sé porqué existía toda la mitología de los Dioses griegos cuando aún no tenías tu poder, si aún no habías viajado al pasado para inspirar tales historias. Pero, incluso sin tener ese poder, el tiempo (que quizá no sea lineal, sino que exista todo a la vez, presente, pasado y futuro) ya tenía previsto que viajarías atrás y lo harías. No lo entiendo, no sé cómo funciona, pero si ese asunto de los dioses griegos funcionó así, y si ya has aceptado que es posible que en un futuro sea cierto que tú causaste el Big Bang porque puede que en algún momento viajes al pasado y tú lo causes... esto es exactamente igual. Podrías volver atrás en cualquier momento y concederte ese poder.

—Pero...

—¡Podrías! ¿O no podrías, si quisieras hacerlo ahora mismo?

Se quedó en silencio largos segundos hasta que empezó a asentir con disgusto. —Podría.

—¡Pues eso! —clamé feliz. —Quizá aún no haya ocurrido, pero puede que sí seas tú quien termines concediéndote esos poderes a ti mismo. Paradojas de los Donuts.

La forma en que su rostro se crispó me indicó que le había tocado algo por dentro.

—Si eso es verdad... si terminará siendo verdad... entonces eso implicaría que no hay nada por encima de mí; que no hay un Dios verdadero y superior que dio lugar a todo; que no hay nadie que pueda pedirme que rinda cuentas por lo que haga o que me responsabilice de mis actos. Si eso es cierto, entonces, todo depende de mí. Si eso es cierto... si yo daré lugar a la existencia, a la materia, a la vida, y yo soy aquel que me di el poder a mí mismo...

—Entonces, sí eres Dios. El Dios que todos creen.

—El que nunca querría haber sido —musitó mesándose el cabello, cabizbajo. ¿Estaba temblando?

—La madre del... —¿Qué acababa yo de hacer? En mi afán por entender todo lo posible sobre Ismael, le había arrastrado hasta una conclusión que Él no deseaba conocer, que Él no quería que fuera cierta y que podía desestabilizarle. ¿Acaso no me había propuesto mantenerle entero, equilibrado y feliz? ¡Pues había hecho justo lo contrario!

Un lejano temblor en el hilo que conformaba el tejido de la existencia comenzó a incrementarse; como un ínfimo terremoto que sacudía las raíces de toda la creación, los cimientos de la realidad, en un continuo in crescendo segundo a segundo.

—Isma... ¿Ismael? ¿Qué está pasando?

PrideTwink parecía ensimismado, con los labios trémulos y la mirada perdida mientras se agarraba el pelo con tanta fuerza que se lo arrancaría en cualquier momento.

—Entonces todo depende de mí, ¿no? —murmuraba tan quedamente que me costó de escuchar pese a estar a su lado. —El futuro de cada ser que vivió, que vive o vivirá. No hacer nada es decidir su completa destrucción en el vacío de la nada.

No es que el suelo comenzase a sacudirse, sino que todo (incluyendo mis propias células y hasta mis átomos de forma individual) parecían sentenciados en una especie de hilera de fichas de dominó que se iba derrumbando inexorablemente, pieza a pieza. Unido a dicha cadena de ruina, percibí cómo, plano tras plano, todo lo que existía se iba desintegrando desde los confines de cada universo hasta su mismo centro. Pronto, este mismo universo sería alcanzado por la onda expansiva final. ¿Se autodestruiría el propio Ismael, o quedaría como único ser vivo de toda la existencia, en una eterna soledad de lamentos?

Apoyé mis manos en cada uno de sus hombros y traté de que me mirase a los ojos. Le rogué: —Por favor, Ismael, tienes que calmarte.

Él tenía el vello de punta, y sus preciosos ojos azul grisáceos brillaban como charcos de lluvia bajo el sol. Me miraba sin ver, susurrando: —Pero si decido algo... si decido algo, ¿qué decido? ¿A dónde conduzco todo lo que existe? ¿Qué pasará con todas esas pobres almas condenadas? ¿Habrá una recompensa para los justos? ¿Debo crear planos paraíso para que se reencarnen todos y cada uno de los seres que vivieron en cada uno de los planos que ya he creado? ¿Los reencarno en moscas a todos y me quito este problema de encima? —Se le escapó una risa histérica y supe que estaba llegando al punto en que podía perder la cabeza.

Casi como si pudiera verlo, algún sentido primigenio (puede que alimentado por la propia presencia de Dios a mi lado) me indicó que, a cien trillones de veces la velocidad de la luz, este mismo plano (el último que aún resistía) estaba implosionando sobre sí mismo. En meros segundos, incluso yo sería historia.

—No puedo. No puedo ser el responsable de todo y de todos. No puedo, no puedo, no puedo...

—¡Ismael Serrano! ¡No eres Dios! ¡No tiene por qué ser así! ¡Hay otra posibilidad...!

Enmudecí cuando la desintegración del multiverso nos alcanzó; pero, por algún milagro, mis palabras se abrieron camino en la mente de PrideTwink y entendió lo que le quería decir.

Ingrávido, ya sin suelo ni leyes físicas que sustentasen los pocos metros que nos rodeaban en la última burbuja titilante de existencia rodeada del vacío más absoluto, nos quedamos frente a frente. Sus ojos me rogaron que le ayudase y, como si ahora se hubiera acordado de mi presencia, barbotó con voz rota: —¿Nes... tor?

—Que seas Dios no es la única posibilidad. Escucha; sin importar la lógica de lo que antes te insinué, puede simplemente no haber ocurrido así. Puede que nunca llegues a visitarte en el pasado para concederte tus propios poderes o para crear el universo desde el Big Bang. ¡Son sólo elucubraciones!

—¿Qué... otra... posibilidad... hay... sino esa?

PridetwinkHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora